Las once depuradoras de Ibiza recibieron agua residual fuera de los límites legales en algún mes de 2025, el peor registro de las cuatro islas. Así lo recoge el informe anual de sanejament i depuració de la Alianza por el Agua, presentado este viernes dentro de su Observatorio del Agua de Baleares. El dato de entrada contrasta con una mejora notable en la salida, atribuida a la nueva depuradora de Sa Coma.
El 40% del caudal llega contaminado
El volumen de agua residual que reciben las depuradoras de Ibiza creció un 6,8% entre 2021 y 2025, el ritmo más moderado de las cuatro islas. Cala Llonga concentra el mayor aumento, con un 80% más de caudal en cinco años. Can Bossa es la única instalación de la isla que supera su capacidad de diseño, y solo durante un mes del año.
El problema no está tanto en el volumen como en la calidad del agua que llega. El 100% de las depuradoras —las once— recibió entrada con incumplimiento algún mes de 2025, y el conjunto de la isla alcanza un 40,1% del caudal con esa agua fuera de los límites legales de entrada, el valor más alto de Baleares y el único con tendencia sostenida al alza desde 2021. Cala Tarida y Can Bossa superan el 95% de su volumen anual en esta situación.
Sa Coma, la mejora tras dos décadas de retraso
En la salida, Ibiza registra la mayor mejora de todo el informe: el cumplimiento neto por concentración pasa de un rango del 45-58% al 88,8%. La razón es la entrada en servicio de la nueva depuradora de Sa Coma, que ya trata casi la mitad del caudal de la isla (46,9%) y cumple el 100% de los criterios legales, tras sustituir a la antigua depuradora de Vila.
La mejora llega, sin embargo, con casi veinte años de retraso: la obra se licitó en 2015 y no finalizó hasta 2024. La Alianza por el Agua señala este caso como ejemplo del desfase entre las necesidades de saneamiento y el ritmo de ejecución de las administraciones.

Sant Antoni y Cala Tarida, los puntos negros
La mejora no llega a toda la isla. Sant Antoni y Cala Tarida —esta última, una de las depuradoras más nuevas de Ibiza, inaugurada en 2017— registran meses con 370 miligramos por litro de DQO a la salida, casi el triple del límite legal.
El verano dispara el problema
El caudal tratado se dispara en temporada alta: crece un 99,1% respecto al invierno, aunque ninguna depuradora de la isla supera su capacidad de diseño en estos meses. Sí lo hace la calidad del agua de salida: entre junio y septiembre el cumplimiento por concentración cae al 84,3%, frente al 91,6% del resto del año.
Ocho de las once depuradoras superan el límite de materia orgánica (DBO5) algún mes de verano: Cala Llonga (363 mg/l), Sant Joan de Labritja (221 mg/l), Port de Sant Miquel (199 mg/l), Cala Sant Vicent (189 mg/l), Cala Tarida (166 mg/l), Sant Josep (135 mg/l), Sant Antoni (91 mg/l) y Santa Eulària des Riu (91 mg/l). Las mismas ocho superan también el límite de DQO, con Cala Llonga alcanzando los 870 mg/l, siete veces el umbral legal.
Agua salada, la raíz del problema
El informe apunta a la salinidad como causa de fondo: el 97,9% del volumen de entrada en Ibiza supera el umbral de salinidad, el valor más alto de Baleares y sin mejora en cinco años. Vila, Sant Antoni y Can Bossa llegan al 100% de su volumen. Esta salinidad procede de infiltraciones de agua marina en una red de alcantarillado en mal estado, lo que dificulta la depuración e impide reutilizar después el agua tratada.
«Las depuradoras absorben en silencio la presión»
El informe balear detecta el mismo patrón en las otras islas, aunque con matices: Mallorca crece un 15,1% en caudal de entrada y tiene cuatro depuradoras sin capacidad suficiente; Menorca, un 10,1%; y Formentera es la única que baja, un 19%, y la única sin ningún incumplimiento en la salida.
«Las depuradoras están absorbiendo en silencio la presión de un crecimiento poblacional y una masificación turística que no se detiene. Muchas instalaciones no fueron pensadas para la población que hoy tienen que atender», señala Rafael Tur, portavoz de la Alianza por el Agua.
La entidad reclama que las administraciones condicionen cualquier nuevo crecimiento urbanístico a la capacidad real de las depuradoras, que se aceleren las actuaciones ya previstas en el Plan Hidrológico de Baleares, que los ayuntamientos refuercen la reparación de las redes de alcantarillado para frenar las infiltraciones marinas y que se impulse la reutilización del agua depurada para uso agrícola y urbano.
El parque de depuradoras balear es, en conjunto, antiguo: la mitad no ha recibido nunca una remodelación y el año medio de construcción es 1995. Al ritmo actual de licitaciones, la Alianza por el Agua calcula que renovar todas las plantas pendientes tardaría cerca de 57 años, mientras el crecimiento de la presión turística sigue poniendo a prueba las depuradoras de Ibiza.











