CRUCEROS

Los cuellos de botella del puerto de Ibiza: «No caben muchos más cruceros»

Jorge Martín, jefe de Explotación y Medio Ambiente de la APB, explica cómo gestiona el puerto las 206 escalas previstas en 2026 y dónde están sus límites.

Crucero en el puerto de Ibiza.

Ibiza espera este 2026 unas 206 escalas de cruceros, la cifra más alta de su historia, frente a las apenas 80 que recalaban hace tres décadas. El número de pasajeros se ha duplicado en diez años y ronda ya los 350.000. Detrás de cada llegada hay un rompecabezas de horarios, atraques y limitaciones que gestiona la Autoridad Portuaria de Baleares (APB), el organismo que administra la infraestructura del puerto pero que no decide cuántos cruceristas pueden pisar la isla.

Quien conoce ese engranaje desde dentro es Jorge Martín Jiménez, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y jefe del Área de Explotación y Medio Ambiente de la APB. Fue delegado del puerto de Ibiza entre 1998 y 2003, cuando la isla recibía la mitad de atraques y el dique de Botafoc, hoy columna vertebral del tráfico de cruceros, ni siquiera existía. Aquel dique, que ayudó a levantar en 2003, cambió la fisonomía del puerto.

En conversación con La Voz de Ibiza, Martín ayuda a entender los límites de la isla para recibir cruceristas. Su lectura es que la clave no está solo en cuántos barcos caben, sino en que cada visitante salga satisfecho: tanto las navieras como el territorio comparten ese interés. «Todo turista que viene quiere ser bien atendido», resume. Por eso las compañías, dice, son sensibles a lo que pide la isla, aunque la Administración —y no el puerto— ponga limites al número de cruceristas que pueden desembarcar.

— ¿Cómo ha evolucionado el tráfico de cruceros en Ibiza?
— El crecimiento en los últimos 30 años ha sido enorme. Cuando estuve allí, en 1998 o 2003, como delegado del puerto, hacían escala unas 80 cruceros, con 70.000 pasajeros de ese orden. Y hay que señalar que en aquella época el único atraque en el que podían entrar los cruceros era el muro, el dique de abrigo antiguo, porque no existía el dique de Botafoc, se construyó en 2003. La mayoría de aquellos 80 cruceros fondeaban. Ibiza era un destino muy solicitado y querían venir a pesar de que no tenían instalación. A día de hoy, este 2026, está previsto que atraquen en el puerto 206 cruceros, con más de 500.000 pasajeros. En los últimos diez años se ha duplicado el número de pasajeros, desde unos 250.000 en 2016.

— Esto responde a barcos cada vez más grandes.
— Exacto. No caben muchos más cruceros, porque nuestras infraestructuras tampoco lo permiten. Y la cifra de pasajeros yo diría que es más o menos estable, porque hemos adoptado algunas medidas para no ser nosotros el cuello de botella.

— ¿Cuáles son esos cuellos de botella?
— Hay dos en la llegada de cruceros y cruceristas a Ibiza. El primero es el puerto: si no hay atraques con la longitud suficiente o la estación marítima no puede atender el número de pasajeros, ya es una limitación. Y una vez salvada esa primera limitación, está el impacto de estos cruceristas en la isla. Eso le corresponde al territorio: decir si es suficiente o si ya satura la isla. Nosotros solo gestionamos la infraestructura

— Se ha hablado de un máximo de tres cruceros grandes al día y de no superar los 8.000 cruceristas en una jornada. ¿Cómo se gestionan estos acuerdos?
— La Autoridad Portuaria gestiona la infraestructura, pero no tiene competencias para hacer acuerdos políticos, que son entre las compañías con el Ayuntamiento y el Govern balear. En el caso de Palma, por ejemplo, se pacta que no coincidan más de tres cruceros grandes, de más de 5.000 plazas, y que las navieras se comprometan a un comportamiento sostenible con las emisiones y los residuos. En Ibiza ahora mismo, aunque no hay un acuerdo tal firmado, pero los criterios que aplicamos son muy parecidos a los de otros puertos. Y hay una razón de fondo: el tráfico de cruceros, como todo visitante, quiere ser bien acogido, y por eso las compañías son sensibles a lo que pide el territorio.

— ¿Qué rol cumple en estos casos la APB?
— Para el puerto de Ibiza hay una instrucción que ha elaborado la Autoridad Portuaria y que conocen todas las compañías de cruceros, con el fin de organizar los flujos y evitar saturación. El máximo número de cruceros que puede haber son tres en Botafoc, y hay uno adicional, más pequeño, que podría ir al muelle antiguo, al muro. Esos cuatro cruceros son el máximo. Pero hay alguna restricción más. Como gestor de la infraestructura hemos visto que cuando se supera un flujo de más de 3.000 pasajeros a la hora se producen problemas de movilidad: esos pasajeros llegan a la estación marítima y no hay taxis ni autobuses suficientes. Lo que hacemos es espaciar las llegadas para que no se rebase ese flujo.

— ¿Hay otras limitaciones operativas?
— Sí, una más importante. Tratamos de evitar que la llegada de cruceros coincida con la salida de los buques del día regular. Por eso imponemos que los cruceros lleguen a partir de las once y media de la mañana, cuando ya han salido todos los buques de línea regular. Con ese desfase, y evitando los 3.000 pasajeros a la hora, programamos las escalas. En principio está funcionando bien, no produce congestión en el puerto. Tenemos mucha comunicación con el Ayuntamiento y entendemos que está dando buen resultado.

Jorge Martín, jefe del Área de Explotación y Medio Ambiente de la APB.

El temor a la saturación

— Más allá de la movilidad, ¿hay otros aspectos que puedan saturar con muchos cruceros a la vez?
— Una vez salvado el puerto, no debería. Además estamos mejorando la movilidad en los últimos años: el Consell ha puesto una línea de autobuses que llega hasta el puerto y estamos reforzando el bus náutico para que los usuarios salgan de Botafoc de manera sostenible. No nos han llegado quejas de saturación en la ciudad. El puerto debería ser el cuello de botella más relevante, porque es la zona más pequeña, donde entran los barcos. Si allí no hay congestión, en el resto de la isla los cruceristas se distribuyen por las playas y excursiones, sobre todo en verano, y no debería haber saturación.

— Gestionar la llegada de cruceros suena a un rompecabezas complejo. ¿Hay tensión con las navieras que reclaman días u horarios concretos?
— El puerto de Ibiza ha tenido un desarrollo espectacular en las últimas décadas. Hace 25 o 30 años teníamos la mitad de los atraques y no había superficie antes de construir el dique de Botafoc. Estábamos muy limitados. Hoy el puerto tiene atraques suficientes para atender unas 200 escalas de cruceros, además de los buques petroleros que traen el combustible a la isla y la línea regular. La ventaja es que la línea regular tiene horarios muy consolidados: a primera hora salen muchos barcos que vuelven a media tarde. Lo tenemos bastante controlado. Las compañías deben solicitar fecha antes de final de año, analizamos las peticiones y tratamos de dar el atraque pedido. Si no es posible, se desfasa la entrada: «puedes venir, pero hasta las doce no entras», o «este día es imposible porque ya hay otros solicitados antes que tú». En general no es demasiado problemático, aunque no está exento de dificultad. Luego hay incidencias y buques no previstos. Tenemos un equipo que funciona 24 horas y atiende cualquier situación.

—Las empresas entenderán que respetar este orden las beneficia, ¿no?
— Sí, porque, además, las compañías son sensibles a esa demanda del territorio. Como decía, todo turista que viene quiere ser bien atendido y se esfuerzan por hacer un uso sostenible del destino.

— ¿Cuánto deja, económicamente hablando, un crucerista en la isla?
— La Autoridad Portuaria elabora cada año unos informes junto con la comunidad autónoma al respecto. Se estima que, aparte del dinero que gastan en excursiones y todo lo que va fuera del paquete turístico, el gasto por crucerista está en torno a los 40 euros por pasajero. El año pasado los cruceristas dejaron en la isla unos 17 millones de euros.

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