El fósil gigante descubierto este verano en una montaña de Ibiza podría convertirse en una de las piezas más destacadas del patrimonio paleontológico de la isla. El geólogo Luis Alberto Tostón ha confirmado que se trata de un amonite del periodo Cretácico, con una antigüedad estimada de entre 100 y 130 millones de años, y considera que sus dimensiones y la claridad con la que se aprecia podrían hacerlo excepcional incluso entre los ejemplares conservados en museos españoles.
«Estoy convencido de que no hay ninguno como este, tan grande y tan claramente visible», ha asegurado Tostón en declaraciones a La Voz de Ibiza, aunque ha matizado que todavía debe comprobarlo mediante una comparación con los fósiles que se conservan en el Museo Geológico y Minero de Madrid.
El hallazgo fue realizado por Carlos, responsable de la cuenta Ibiza Sin Filtro, durante una de sus habituales rutas por la montaña. Tras varios meses de gestiones y una operación de recuperación en la que participaron los Bomberos de Ibiza, la pieza ha sido trasladada a la exposición de geología de las Pitiusas, donde ya puede ser contemplada por el público.
Un animal que dominó los mares hace millones de años
Para comprender el valor del descubrimiento es necesario remontarse a una época en la que los dinosaurios habitaban la Tierra y los océanos estaban poblados por criaturas muy diferentes a las actuales.
Los amonites eran moluscos marinos emparentados evolutivamente con los pulpos y los calamares, aunque, a diferencia de estos, poseían una característica concha externa enrollada en espiral.
«Es como si fuera un pulpo metido dentro de una concha en espiral», ha explicado Tostón para describir cómo eran estos animales.
Durante millones de años, los amonites fueron uno de los grupos más diversos y abundantes de los ecosistemas marinos. Sus restos fosilizados se han encontrado en numerosos lugares del planeta y constituyen una importante fuente de información para reconstruir la historia geológica de la Tierra.
Su presencia en las rocas permite a los científicos conocer la antigüedad de determinados estratos y estudiar las condiciones ambientales de los antiguos océanos.
En el caso de Ibiza, el ejemplar recuperado ofrece un nuevo testimonio de la vida marina que existió en esta región hace más de 100 millones de años.

¿Por qué tiene entre 100 y 130 millones de años?
Uno de los aspectos más relevantes del hallazgo es su antigüedad. Según Tostón, el fósil pertenece al periodo Cretácico, la última etapa de la era Mesozoica, que se extendió aproximadamente entre hace 145 y 66 millones de años.
Sin embargo, la datación exacta todavía está pendiente de estudio.
«Estoy al 80% convencido de que es del Cretácico inferior», ha señalado el geólogo, quien sitúa provisionalmente el ejemplar entre los 100 y los 130 millones de años.
El especialista ha explicado que todavía debe precisar la unidad geológica a la que pertenece la pieza, ya que fue localizada fuera de su emplazamiento original.
«Precisaremos un poquito más estudiándolo, pero eso es de lo que estamos hablando, estamos hablando de tiempo geológico, que es una barbaridad», ha destacado.
Esta antigüedad sitúa al animal en una época muy anterior a la aparición de los seres humanos, cuando la configuración de los continentes y las condiciones de los mares eran diferentes a las actuales.
Ver esta publicación en Instagram
La extinción que acabó con los amonites y los dinosaurios
El valor del fósil también está relacionado con la desaparición de los animales a los que pertenecía.
Los amonites sobrevivieron durante millones de años y experimentaron una extraordinaria diversificación durante el Jurásico y el Cretácico. Sin embargo, desaparecieron hace aproximadamente 66 millones de años, durante la gran extinción masiva que marcó el final del Cretácico.
Este episodio, asociado al impacto de un gran asteroide y a profundos cambios ambientales, también provocó la desaparición de los dinosaurios no avianos y de numerosos organismos marinos.
«Termina el Cretácico y pasa lo que pasa, es decir, cae el asteroide y cambian las condiciones ambientales del planeta», ha explicado Tostón.
El geólogo ha destacado que, desde entonces, los amonites dejaron de existir y sus restos únicamente pueden encontrarse en formaciones geológicas correspondientes a las épocas en las que vivieron.
Aunque los actuales nautilos presentan conchas que recuerdan a las de los amonites, no son descendientes directos de estos animales, sino representantes de otro linaje de cefalópodos.
¿Podría ser un fósil único en España?
Más allá de su antigüedad, lo que ha despertado especialmente el interés de Tostón es el gran tamaño del amonite encontrado en Ibiza y la claridad con la que se distingue su estructura.
El especialista ha explicado que existen numerosos fósiles de este grupo repartidos por museos y colecciones científicas de todo el mundo, pero considera que el ejemplar ibicenco podría destacar por sus características.
«Fósiles de amonites, por suerte, hay en todo el mundo», ha reconocido.
Sin embargo, al referirse a los ejemplares del Cretácico inferior conservados en España, ha expresado su convencimiento de que el encontrado en Ibiza podría ser especialmente singular.
«Tengo que ir, cuando vuelva a Madrid tendré que ir, pero tengo que confirmarlo. Estoy convencido de que no hay ninguno como este, tan grande y tan claramente visible», ha insistido.
Por el momento, esta apreciación constituye una valoración preliminar del geólogo y no una confirmación de que se trate del mayor amonite de España o de un ejemplar único.
Será necesario completar el estudio y comparar sus características con las de otras piezas catalogadas para determinar su verdadera singularidad científica.
Ver esta publicación en Instagram
Un patrimonio de millones de años que ya puede contemplarse
El fósil ha pasado de permanecer durante millones de años en una zona montañosa de Ibiza a formar parte de la exposición de geología de las Pitiusas.
Según ha explicado Tostón, la pieza ha sido depositada en el espacio dedicado al Cretácico, junto a otras rocas y fósiles que permiten reconstruir la evolución geológica del archipiélago.
Además, ha señalado que está prevista la instalación de una peana especial y una urna para garantizar su protección.
«Todo el mundo, a partir de hoy, puede pasar por aquí y ver la exposición y, por supuesto, este amonite», ha asegurado.
La recuperación ha sido posible gracias a la colaboración entre su descubridor, el geólogo y el Grupo de Rescate Vertical de los Bomberos de Ibiza, que intervino para trasladar una pieza de grandes dimensiones y considerable peso.
Para Carlos, su descubridor, el objetivo siempre fue que el fósil permaneciera vinculado al patrimonio de la isla y pudiera ser contemplado por todos.
«Eso pertenece a Ibiza, es parte de la isla y de la historia», ha afirmado.
Ahora, mientras continúa el trabajo para determinar su antigüedad con mayor precisión y establecer hasta qué punto sus características son excepcionales, el amonite se convierte en un testimonio visible de un pasado remoto: el de los mares que cubrían esta región del planeta cuando todavía existían los dinosaurios.











