El juicio por la muerte de Maradona avanza en medio de una tensión creciente, con escenas cargadas de emoción, contradicciones y acusaciones cruzadas. En el centro del proceso, una pregunta sobrevuela cada audiencia: «¿Podría estar vivo hoy Diego Maradona, podría celebrar el próximo 30 de octubre 66 años?»
El escenario no acompaña la magnitud del caso. La sala de los Tribunales de San Isidro, pequeña y sin asientos libres, contrasta con la dimensión simbólica del proceso judicial que busca esclarecer las circunstancias de la muerte del astro argentino. Con paredes blancas, baldosas de tono salmón y un ambiente cargado de expectativa, el juicio promete extenderse durante meses, sin una fecha clara de finalización.
Dos posturas enfrentadas desde el inicio
Desde el comienzo de este segundo juicio por la muerte de Maradona, las posiciones han quedado claramente definidas. Por un lado, la familia del ex futbolista sostiene que fue víctima de abandono: “a Maradona lo mataron”, afirman sus abogados. Por otro, las defensas apuntan a la personalidad del propio paciente, argumentando que “Maradona era incontrolable y tomaba sus propias decisiones”.
Este enfrentamiento de tesis se refleja en cada audiencia, donde los relatos no solo difieren, sino que chocan de forma directa en torno a la responsabilidad médica y el entorno que rodeó sus últimos días.
El antecedente que sacudió el proceso
El juicio actual llega tras la anulación del proceso anterior, un episodio que dejó una marca profunda en la causa. A pesar de que ya se habían celebrado decenas de sesiones y se habían escuchado múltiples testimonios, todo quedó invalidado al descubrirse que una de las juezas, Julieta Makintach, estaba grabando un documental clandestino.
El proyecto, titulado Justicia divina, con el subtítulo La jueza detrás de D10s, provocó un escándalo que terminó con la carrera profesional de la magistrada. Ahora, enfrenta posibles consecuencias en el ámbito civil y penal.
Sin embargo, más allá de ese episodio, la atención vuelve a centrarse en lo esencial: determinar si la muerte de Maradona pudo haberse evitado.
La acusación: abandono y negligencia extrema
El fiscal Patricio Ferrari sostiene una postura contundente. “Todos los imputados abandonaron a su suerte a Maradona, condenándolo a la muerte”, afirmó durante una de las audiencias. En la misma línea, insistió: “No hicieron nada para evitar su muerte”.
Según su exposición, el estado físico del ex futbolista era crítico. “Maradona tenía edemas en todo el cuerpo -de la cabeza a los pies- y acumulaba tres litros de agua”, explicó.

La acusación va más allá al señalar que el desenlace pudo haberse evitado: “Maradona comenzó a morir 12 horas antes, si se lo trasladaba a una clínica le salvaban la vida. Mientras Maradona se ahogaba a los gritos en tres litros de agua, el silencio y la indiferencia fueron letales”.
Estas declaraciones marcaron uno de los momentos más impactantes del juicio, generando reacciones inmediatas entre los imputados y los presentes en la sala.
Reacciones en la sala: tensión y emociones al límite
Mientras el fiscal exponía su teoría, la tensión en la sala era palpable. A pocos metros, Agustina Cosachov, la psiquiatra que formaba parte del equipo médico de Maradona, reaccionaba visiblemente afectada. Extremadamente delgada y con signos de impacto emocional, se retorcía ante cada acusación.
La situación contrastaba con la actitud del neurocirujano Leopoldo Luque, quien se mostró distante frente a las imputaciones. Con una imagen renovada, gafas espejadas y un físico trabajado, había declarado previamente ser “inocente” ante la prensa.
El contraste entre ambos reflejó no solo las distintas posiciones procesales, sino también el impacto personal que el juicio está teniendo en los implicados.
Frases que elevan la gravedad del caso
A medida que avanzaban las intervenciones de los abogados de la acusación, el tono se volvía cada vez más duro. “Desidia, desinterés, acciones demenciales. No fue negligencia, fue un diagrama inhumano. Liquidar, asesinar a Diego Armando Maradona”, afirmaron.
Estas expresiones elevaron la gravedad del caso y reforzaron la idea de una responsabilidad estructural en torno al cuidado del ex futbolista durante su internación domiciliaria.
La defensa: responsabilidad del propio Maradona
Frente a estas acusaciones, la defensa sostuvo una versión completamente opuesta. “Maradona no era una persona sencilla, no aceptaba indicaciones, se negaba, incluso intentó golpear a sus médicos”, argumentaron.
En esa línea, insistieron en que no se trataba de una persona incapaz: “No era un incapaz, era una persona con adicciones, pero que podía autodeterminarse”.
Uno de los puntos más sensibles de la defensa fue la reivindicación de la relación entre Luque y el ex futbolista: “Este juicio es un juicio injusto. El doctor Luque es alguien a quien Maradona adoraba. Si Maradona estuviera vivo, le pediría a los jueces que no condenen a Luque”.
La reacción de la familia
Las declaraciones de la defensa generaron reacciones inmediatas en la familia de Maradona. Jana Maradona, presente en la sala, no pudo contener su indignación cuando uno de los abogados señaló que el responsable de la salud del ex futbolista era él mismo.
Su reacción fue clara: “Qué asco, qué asco”, expresó, visiblemente afectada por lo que estaba escuchando.
Las muestras de angustia continuaron en audiencias posteriores, reflejando el impacto emocional que el juicio tiene en los familiares del ídolo argentino.
Los audios que complican a Luque
Uno de los momentos más reveladores del proceso se produjo con la aparición de audios que involucran a Leopoldo Luque. En ellos, el médico se jactaba de su capacidad para manipular a las hijas de Maradona y utilizaba expresiones ofensivas hacia quienes no accedían a sus planteamientos.
Estos registros contrastan con otros mensajes en los que intentaba transmitir tranquilidad. En un audio dirigido a Gianina Maradona, afirmaba: “Yo voy a estar yendo todos los días. No soy especialista en salud mental, pero soy médico. Te aviso lo que vaya viendo”.
Sin embargo, en otro mensaje dirigido a Maximiliano Pomargo, reconocía lo contrario: “No voy ni en pedo todos los días, jajajaja”.
La contradicción entre ambos audios se convirtió en uno de los puntos más delicados del juicio, alimentando las dudas sobre la actuación del equipo médico.







