En 1114, una flota pisano-catalana quemó una calle entera en Ibiza y la abandonó a su suerte. Nadie volvió a construir encima, y ahí siguió durante ochocientos años, bajo el suelo del barrio de Sa Capelleta, hasta que una obra la sacó a la luz por casualidad. Hoy se puede bajar a caminarla gratis. Casi nadie lo hace.
Es solo uno de los tres lugares donde Ibiza guarda su etapa más ignorada: los 333 años en los que la isla no se llamó Ibiza sino Madina Yabisa. Desde el año 902 hasta 1235, la isla formó parte de Al-Ándalus. Tuvo ciudad amurallada, arrabales, casas de campo desperdigadas por el interior. Todo eso existe todavía.
Los tres están abiertos, los tres son gratuitos, y en los folletos turísticos de la isla no aparecen casi ni mencionados.
La muralla que nadie ve en Dalt Vila
El primero está donde menos lo esperarías: en el corazón de Dalt Vila, dentro de la Casa de la Cúria, un edificio en la Plaça de la Catedral que miles de turistas fotografían cada verano.

Desde 2007 alberga los restos de la muralla árabe original, una torre defensiva y una maqueta audiovisual que reconstruye cómo era Madina Yabisa, y es el único espacio de la isla dedicado específicamente a este periodo. Está abierto, la entrada es gratuita y la mayoría de la gente pasa de largo.
La calle que quemaron y no volvieron a tocar
El segundo está a diez minutos a pie de Vara de Rey, en el barrio de Sa Capelleta. Una pasarela sobre un solar musealizado permite ver (y bajar a pisar) la calle medieval que la flota pisano-catalana destruyó en 1114 y que nadie volvió a reconstruir.

Lo que hace singular este yacimiento no es solo la calle: en el mismo solar se leen tres épocas distintas superpuestas, la púnica, la romana y la islámica, como si alguien hubiera apilado 2.000 años de historia en un descampado del centro de la ciudad. No hay nada parecido en la isla.
Una casa del siglo XI con vistas al mar
El tercero está en el Pla de Corona, a kilómetro y medio de Santa Agnès. Se llama Sa Penya Esbarrada y es la única casa de campo islámica bien conservada y visible de Ibiza: planta rectangular, patio alargado, almacenes y corrales asomados al norte de la isla. La abandonaron en 1235 cuando llegó la conquista, y como nadie la destruyó, sigue en pie.
El nombre lo dice en catalán ibicenco (esbarrada significa «derruida») aunque la ironía es que precisamente no lo está. Acceso libre, protegida por una verja, con un restaurante a cincuenta metros.
Tres visitas, un mapa completo
Los tres lugares no son anécdotas sueltas: se complementan. La Casa de la Cúria explica la ciudad amurallada. Sa Capelleta explica lo que había fuera de las murallas, y Sa Penya Esbarrada explica cómo vivía la gente en el campo: juntos dibujan cómo estaba organizada la isla durante esos tres siglos de historia islámica en Ibiza que no aparecen en ninguna guía.
Los horarios de los dos primeros (gestionados por el Ayuntamiento de Ibiza) varían según la temporada y conviene verificarlos antes de ir. Sa Penya Esbarrada es de acceso libre exterior todo el año.













