AMBIENTE

El ADN ambiental revela la presencia de ocho especies de tiburones y rayas en aguas de Ibiza y Formentera

El estudio, presentado en Sant Jordi e impulsado por entidades científicas y conservacionistas, ha detectado cuatro especies vulnerables o en peligro, entre ellas la manta raya y el cazón. El proyecto continuará en 2026 con el marcaje satelital de rayas para conocer sus movimientos y hábitats.

Un estudio pionero basado en técnicas de ADN ambiental ha permitido identificar ocho especies diferentes de tiburones y rayas en aguas de Ibiza y Formentera, cuatro de ellas catalogadas como vulnerables o en peligro según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN.

Los resultados de esta investigación, impulsada por GEN-GOB, la Universidad de Oviedo, IbizaPreservation, WWF y SOLDECOCOS, se han presentado este miércoles en un acto abierto al público celebrado en las dependencias municipales de Sant Jordi, con el apoyo del Ayuntamiento de Sant Josep de sa Talaia.

Un proyecto iniciado en 2024

La investigación arrancó en diciembre de 2024 con una campaña oceanográfica a bordo de una embarcación en la que técnicos del GEN-GOB e investigadoras de la Universidad de Oviedo recogieron muestras de agua marina en distintos puntos del litoral pitiuso.

Estas muestras fueron filtradas en el propio mar y posteriormente analizadas en laboratorio para detectar el rastro genético que las especies dejan en el medio marino.

En el verano de 2025, el equipo llevó a cabo una segunda campaña con el objetivo de comparar los datos obtenidos en dos épocas del año y obtener una imagen más completa de la biodiversidad presente en estas aguas.

A diferencia de los métodos tradicionales, las técnicas de ADN ambiental permiten detectar especies sin necesidad de capturarlas, lo que supone un avance importante en el estudio y la conservación de la fauna marina.

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Investigadores con una raya.

Manta raya y cazón, especies emblemáticas

Entre las especies identificadas destacan la manta raya (Mobula mobular) y el cazón (Galeorhinus galeus), dos animales emblemáticos cuya presencia refuerza el valor ecológico de las aguas pitiusas.

“Entre las especies identificadas destacan la manta raya y el cazón, dos especies emblemáticas que refuerzan el valor ecológico de nuestras aguas”, ha explicado Laura Miralles, bióloga marina y experta en genética y conservación marina de la Universidad de Oviedo, quien presentó los resultados junto a Xisco Sobrado, coordinador del Área Marina del GEN-GOB.

Los investigadores han recordado que, aunque ambas especies habían sido avistadas anteriormente en las Pitiusas, sus observaciones eran escasas.

En el caso de la manta raya, prácticamente inexistente hace unos años, los avistamientos han comenzado a aumentar en los últimos tiempos, una tendencia que el estudio confirma.

Además, el cazón figura como Vulnerable en la Lista Roja de la UICN para el Mediterráneo, mientras que la manta raya está catalogada como En Peligro, lo que subraya la importancia de contar con herramientas científicas que permitan constatar su presencia y reforzar su protección.

Un conocimiento clave para conservar

“El estudio ha confirmado que las Pitiusas albergan una diversidad de especies de elasmobranquios que merece ser protegida. Este conocimiento científico es clave para poder conservarlas de forma efectiva”, ha destacado Sobrado.

Desde IbizaPreservation han insistido en la relevancia de mejorar el conocimiento sobre tiburones y rayas, especies fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas marinos.

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“Este proyecto nos ha permitido avanzar en la protección de especies marinas en riesgo y contribuir a situar a Ibiza y Formentera como referentes en investigación marina aplicada a la conservación”, ha señalado Inma Saranova, directora de IbizaPreservation.

“La colaboración entre entidades científicas y locales es esencial para lograr una gestión sostenible de nuestros mares”, ha añadido.

Próxima fase: seguimiento satelital en 2026

El proyecto continuará durante 2026 con una nueva fase centrada en el marcaje satelital de rayas, mediante dispositivos multiparamétricos que permitirán seguir durante unos 200 días sus movimientos, profundidad, temperatura y luminosidad de los hábitats que ocupan.

Esta información será clave para comprender mejor su movilidad, rutas migratorias y la conectividad entre poblaciones dentro del archipiélago balear.

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