El proyecto que Aena presentó este martes en el aeropuerto de Ibiza a través de su directora, Marta Torres, se articula en torno a cinco objetivos. Dos de ellos derivan de cambios en la normativa europea de seguridad, y tres apuntan a mejorar la operativa y la experiencia del pasajero. Aena se encuentra en fase previa a la redacción del proyecto, por lo que los detalles técnicos y económicos se concretarán más adelante.
1. Adaptarse al control de fronteras europeo: el dique para vuelos no-Schengen
El primer objetivo del proyecto responde a la entrada en vigor del Entry/Exit System (EES), la nueva normativa europea de control de fronteras que se aplica de forma escalonada en toda la Unión Europea desde octubre. El EES genera, según ha explicado Torres, un proceso «más complejo» que requiere más información del pasajero —incluyendo biometría y huellas— cuando entra o sale del espacio Schengen.
Esa nueva exigencia hace inviable, según el gestor, seguir gestionando los vuelos extracomunitarios en la misma sala de embarque que el resto de tráfico. Lo que hoy se hace en la propia sala de embarque, delante de las puertas, debe reordenarse en una zona diferenciada con controles de pasaportes centralizados, en línea con los aeropuertos europeos con un volumen relevante de tráfico internacional.
El caso de Ibiza está especialmente afectado porque desde el Brexit el Reino Unido es país fuera del espacio Schengen y el aeródromo gestiona entre el 20 y el 25% del tráfico con origen o destino británico, según el año. La propuesta de Aena consiste en construir un dique destinado exclusivamente al tráfico no-Schengen, de 170 metros de longitud por 24 de ancho, en dos plantas: la alta con ocho puertas de embarque por pasarela y la baja con cuatro puertas en remoto. Ambas plantas dispondrán de control de pasaportes centralizado.
2. Nuevas máquinas de inspección de equipajes y traslado del filtro
El segundo objetivo deriva de la implantación progresiva en la red Aena de las nuevas máquinas de inspección de equipajes (FDCV, por sus siglas en inglés), ya operativas en Palma de Mallorca. Estas máquinas, que se están imponiendo como estándar en la Unión Europea, permiten al pasajero pasar por el filtro sin necesidad de sacar ni equipamientos electrónicos ni líquidos de las maletas de mano.
Las nuevas máquinas tienen mayor volumen que las actuales y sus líneas de inspección son más largas, lo que permite que varios pasajeros utilicen el filtro en paralelo. A cambio, requieren mayor superficie disponible. El filtro actual del aeropuerto de Ibiza no permite acoger los nuevos equipos, por lo que el proyecto contempla trasladar el filtro a la zona oeste de la terminal —hoy ocupada por oficinas— y crecer la fachada en aproximadamente 60 metros para tener la planta completa.
Junto al nuevo filtro se ubicarían también oficinas anexas para la Guardia Civil, responsable final de la seguridad del filtro, y para el personal de seguridad privada que opera en el aeropuerto.
3. Reforzar la operativa de los vuelos interislas
El tercer objetivo apunta a la operativa específica de los vuelos interislas, una actividad que Aena define como «pieza clave» en la operación del aeropuerto tanto en invierno como en verano, aunque con mayor peso relativo durante los meses de menor afluencia turística.
El gestor quiere mantener y mejorar la operativa actual, caracterizada por la cercanía entre la puerta de embarque y el filtro de seguridad en las salidas, y entre la zona de desembarque y la sala de recogida de equipajes en las llegadas. «Hay pocos aeropuertos en donde desembarques y en tres o cuatro minutos estés en la acera pudiendo coger un taxi como ocurre aquí», apuntó Torres.
4. Más pasarelas de embarque y mejor accesibilidad
El cuarto eje del proyecto contempla la incorporación de nuevas pasarelas de embarque con el objetivo de reducir el número de embarques en remoto, en los que el pasajero tiene que bajar de la terminal, subir a un autobús y desplazarse al avión por la plataforma. La propuesta prioriza el embarque directo por pasarela en primera línea.
Para los embarques en segunda línea —los que se mantengan en remoto—, el proyecto plantea sustituir las actuales escaleras por ascensores y rampas de acceso que mejoren la accesibilidad y atiendan especialmente a las necesidades de las personas con movilidad reducida.
5. Reordenar la terminal: aseos, comercios, accesibilidad y oficinas
El quinto objetivo se desprende de los anteriores. La reubicación del filtro, la creación del dique no-Schengen y el rediseño de los procesos de embarque obligarán a remodelar de forma generalizada el resto de superficies de la sala de embarque y los servicios asociados.
El proyecto contempla, entre otras intervenciones, el aumento del número de aseos, la ampliación de los espacios para personas con movilidad reducida, la incorporación de zonas infantiles, la reordenación de los servicios comerciales —tiendas y restaurantes— y la creación de nuevas superficies de oficinas para las empresas que operan en el aeropuerto, hoy limitadas.
Una actuación en fase previa
Torres ha insistido en que la actuación se encuentra todavía en fase previa a la redacción del proyecto: el gestor ha definido qué necesidades tiene el aeropuerto y una primera alternativa de solución, pero los criterios arquitectónicos, técnicos y económicos se concretarán en la fase de redacción.
Los 229,7 millones de euros que se han venido manejando en el debate público corresponden, según ha aclarado Torres, a la inversión total prevista para el aeropuerto de Ibiza dentro del Documento de Regulación Aeroportuaria (DORA III) para el quinquenio 2027-2031, no al coste específico de esta actuación, que «no está presupuestada todavía».
El DORA III debe ser aprobado por el Consejo de Ministros antes del 30 de septiembre. El propio Pleno del Parlament de las Illes Balears ha debatido este martes tres Proposiciones No de Ley registradas contra el proyecto, una por cada uno de los principales grupos parlamentarios (PP, Unidas Podemos y PSOE).













