CONSTRUCCIÓN

La madera se alza en el corazón de Ibiza: un edificio en altura levantado en tiempo récord

Un sistema industrializado aún poco conocido en la isla irrumpe en el centro de Vila de la mano de la promotora de los hermanos Bedoya, que lo eligió para esquivar el calendario de obras del verano. Quien suministró la estructura, Joan Planells, lleva dos décadas convencido de que la madera es «el futuro de la construcción».

Edificio de madera en Avenida España.

En el centro de Ibiza, en la avenida de España, se ha levantado en las últimas semanas un edificio con un esqueleto poco habitual: una estructura íntegra de madera contralaminada, un sistema industrializado conocido por sus siglas en inglés —CLT— que apenas ha empezado a asomar en la isla y sobre el que, reconocen quienes trabajan con él, pesa todavía mucho desconocimiento. «Hay bastante ignorancia en este tema de estructuras de madera», admite Joan Planells, responsable de Maderas Planells, la empresa que ha suministrado la estructura. Es, según la firma, el primer edificio de Ibiza construido enteramente con este material; y, a juzgar por lo que cuentan sus protagonistas, podría no ser el último.

Planells matiza el alcance de ese «primero»: en la isla ya se habían levantado siete u ocho viviendas unifamiliares de madera en los dos últimos años, y el año pasado un edificio de cuatro plantas en la calle Carlos III, aunque aquel combinaba madera y hormigón y la firma solo intervino como suministrador. Este, sostiene, sería el primero «íntegramente de madera».

Una promoción familiar como prueba piloto

El edificio es una iniciativa de una promotora familiar de los hermanos Óscar y Adrián Bedoya. Adrián, arquitecto, firma el proyecto; Óscar lleva la parte de promoción y gestión patrimonial. La estructura ha sido suministrada por Maderas Planells —distribuidor en Ibiza del fabricante austriaco KLH— y montada por Albura, una de las pocas empresas especializadas en este montaje en España.

La apuesta por la madera respondió, según los promotores, a una doble motivación que conviene separar. Por un lado, estrenar el sistema. «Es una prueba piloto que hacemos con el sistema, porque también teníamos interés en él y queríamos probarlo», explica Adrián Bedoya. A esa curiosidad técnica se suma, en el caso de los hermanos, una sensibilidad que Óscar describe como personal: cuenta que ambos han estado siempre «muy ligados» a la sostenibilidad, y resume el atractivo del material en que, frente a una construcción convencional, con la madera «no solo no emites, sino que estás capturando CO2».

Por otro lado está el encaje con la normativa. La decisión coincidió en el tiempo con la entrada en vigor de la figura de «residencial comunitario» en el planeamiento de Ibiza, que permitió proyectar 18 estudios donde antes solo habrían cabido cuatro viviendas. Óscar Bedoya subraya que ambas circunstancias se dieron a la vez de forma casual, sin que una buscara a la otra.

El resultado es un edificio de 18 unidades de entre 26 y 30 metros cuadrados, con zonas comunes —salón, espacio de trabajo, cocina común y lavandería—, orientado, según el arquitecto, a personas que pasan temporadas en la isla por motivos laborales o vitales: gente joven, sola o en pareja, que busca una alternativa a la habitación en piso compartido. La promotora prevé terminar el edificio a finales de este año.

La carrera contra el calendario de obras

Más allá de la sostenibilidad, el factor que ambos hermanos señalan como decisivo fue el plazo. En el municipio de Ibiza, como en otros de la isla, rige cada verano un bando que paraliza las obras mayores —la ejecución de estructuras y los movimientos de tierra— durante la temporada turística. Este año entró en vigor el 1 de junio.

Con una estructura tradicional, explica Adrián Bedoya, una promoción «siempre engancha uno o dos» de esos bandos, lo que supone del orden de cuatro a ocho meses de paralización. Al decidirse en febrero por la madera, la promotora pudo dedicar los meses de febrero a abril a la ingeniería y el diseño, montar la estructura en mayo y dejarla cerrada antes del 1 de junio, para continuar este verano con los trabajos de interior, que sí están permitidos. De no haber optado por la madera, calcula Planells, la estructura no habría podido arrancar hasta octubre, porque «el hormigón tarda muchísimo más tiempo».

Esa rapidez es, según las fuentes consultadas, la principal ventaja del sistema. El montaje de la estructura se completó en unos 25 días —«tres semanas y algo», precisa Planells—, frente a los meses que habría exigido el hormigón, y con un despliegue de medios mínimo: los montadores, señala, lo único que «han utilizado ha sido un taladro».

Qué es, y qué no es, un edificio de madera

Planells insiste en deshacer un equívoco frecuente: «El edificio no es de madera, el edificio lo que tiene es la estructura de madera». El CLT consiste en tableros de madera encolados en capas perpendiculares, lo que multiplica su resistencia y lo convierte en un material estructural, no en un revestimiento. De hecho, una vez terminado, el inmueble irá revestido por fuera con un sistema SATE —un aislamiento térmico aplicado sobre la fachada y rematado con un acabado continuo, en este caso de hormigón— y por dentro con pladur: «No se va a distinguir del edificio de al lado», apunta.

El sistema descansa sobre una planificación previa exhaustiva. Cada pieza se diseña y modela por ordenador al milímetro, con una tolerancia que el suministrador cifra en unos dos milímetros entre el plano y la ejecución; los paneles se fabrican después en Austria con control numérico —con todos sus cortes y taladros— y se ensamblan en obra. Por delante del montaje, según Planells, hubo tres o cuatro meses de ingeniería. El arquitecto coincide en que esa fase es la crítica: son materiales industrializados que «se modelan al milímetro en ordenador, con lo cual no hay margen al error».

El material también arrastra recelos sobre su seguridad. Frente a las dudas habituales sobre el fuego, la documentación técnica facilitada por el suministrador remite al Eurocódigo 5, la norma europea que regula el diseño de estructuras de madera frente al incendio, y a clasificaciones de resistencia como R60 o R90. La madera vista, que en este edificio se ha dejado a propósito en la planta baja y las escaleras, requiere un tratamiento adicional con un sobrecoste, según los promotores; el resto queda oculto y protegido. Una vez revestida, apunta Planells, la estructura queda a salvo de la humedad, la lluvia y el sol.

¿Más cara? El cálculo a largo plazo

Sobre el coste, Planells ofrece una cifra fechada: «El coste es ligeramente superior, estamos hablando de un 5 %» más que el hormigón, según los números que se hicieron para esta obra hace dos años. Advierte, no obstante, de que esa comparación se ha movido, porque el precio del hormigón ha subido de forma notable desde entonces. El sobrecoste inicial, sostiene, se amortiza con el ahorro energético a lo largo de la vida útil del edificio, dado que la madera aísla más que el hormigón y reduce el gasto en climatización.

La particularidad isleña, añade, no está tanto en el clima como en la logística. Las plataformas con los paneles —unos 160 metros cúbicos de madera en cuatro envíos, según su cálculo— no pueden acceder al centro de la ciudad, de modo que hubo que descargarlas en almacén y trasladarlas después con camión grúa hasta la avenida de España. El propio promotor reconoce que la ubicación, sin vado de carga y descarga, condicionó la elección del sistema.

¿Un paso o una excepción?

La pregunta que sobrevuela el caso es si se trata de un episodio aislado o del comienzo de algo más. Del lado de la promoción, la apuesta convive con la cautela: Óscar Bedoya admite que probaron la madera en un edificio de alquiler, y no en pisos a la venta, precisamente por el recelo que aún despierta el material. «No sabemos si la gente aún está dispuesta a comprar pisos de esta forma», reconoce. Aunque admite que, en las últimas semanas, desde que incluyeron el cartel de la promotora en la construcción, han recibido muchas consultas pidiendo información. «Ha sido una grata recepción», admite. Y aclara que, aunque no tienen proyectos concretos sobre la mesa, seguramente volverán a apostar por la construcción en madera.

Desde la parte técnica, en cambio, la lectura es decididamente optimista. Maderas Planells asegura estar presupuestando ya tres edificios más en Sant Antoni, uno de ellos en marcha, con el montaje previsto —si los plazos acompañan— para octubre. Su responsable enmarca el proyecto de la avenida de España en una convicción que dice arrastrar desde que vio levantar una estructura así en una feria hace dos décadas: «Yo vi que esto era el futuro de la construcción». A su juicio, lo único que ha frenado el despegue del sistema en España es un desconocimiento que en el centro de Europa se superó hace tiempo. Que ese paso —del chalet aislado al edificio en altura del centro urbano— se consolide dependerá, sobre todo, de que más promotores se decidan a seguir el ejemplo de la avenida de España.

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