Ibiza recibió durante 2025 cerca de 538.000 cruceristas, un 36% más que en 2019, pese a que el número de buques apenas varió, según el análisis elaborado por el Observatorio de Sostenibilidad de Ibiza & Formentera Preservation. La fundación ambiental considera que el aumento de la capacidad de los barcos obliga a revisar la regulación y a establecer límites sobre el número de pasajeros que pueden desembarcar cada día.
El pasado año hicieron escala en la isla 165 cruceros con 537.951 pasajeros, frente a los 163 buques y 395.235 viajeros registrados en 2019, último ejercicio anterior a la pandemia con la actividad plenamente consolidada. La diferencia supone 142.716 cruceristas más con solo dos escalas adicionales.
El Observatorio sostiene que esta evolución refleja un cambio en el modelo del turismo de cruceros, marcado por la llegada de barcos con mayor capacidad. Por ello, advierte de que contar únicamente las escalas ya no permite evaluar de forma adecuada la presión que esta actividad ejerce sobre Ibiza.
«Durante años el debate sobre los cruceros se ha centrado en el número de barcos, pero los datos muestran que ese indicador ya no basta para entender su impacto. Hoy llegan prácticamente las mismas escalas que hace unos años, pero con una capacidad de pasajeros muy superior», explica Elisa Langley, coordinadora del Observatorio de Sostenibilidad de Ibiza & Formentera Preservation.
Presión concentrada durante temporada alta
Aunque el número de pasajeros descendió un 7,2% respecto al máximo histórico de 2024, cuando se contabilizaron 579.485, la actividad continuó muy por encima de los niveles anteriores a la pandemia. Entre junio y septiembre desembarcaron en Ibiza más de 75.000 cruceristas cada mes.
Los datos, procedentes del Ibestat y de la Autoridad Portuaria de Baleares, indican que Ibiza registró 327 cruceristas por cada 100 habitantes durante 2025. La proporción alcanzó los 985 pasajeros por cada 100 residentes en el municipio de Ibiza, donde se concentra prácticamente la totalidad de los desembarcos.
Todos los buques contabilizados durante el año fueron cruceros en tránsito, es decir, barcos cuyo origen y destino no están en Ibiza y cuyos pasajeros no pernoctan en la isla. La estancia media fue de 4,48 horas, un periodo reducido en el que miles de visitantes coinciden en los principales espacios turísticos, comerciales y viarios de la ciudad.
«La presión que ejerce un crucero no depende únicamente del tiempo que permanece atracado. Miles de personas coinciden en pocas horas en un mismo espacio y eso tiene efectos sobre la movilidad, los servicios públicos y la capacidad de acogida de la ciudad», señala Langley.
El diagnóstico coincide con el debate abierto durante los últimos meses sobre la capacidad del puerto y de la ciudad. El Ayuntamiento de Ibiza y la Autoridad Portuaria han acordado para este verano evitar que coincidan más de 8.000 cruceristas durante una misma jornada y escalonar los desembarcos para reducir las concentraciones, como publicó La Voz de Ibiza.
La planificación portuaria también establece que el ritmo de desembarque no supere los 3.000 pasajeros por hora y restringe a jornadas concretas la coincidencia de tres grandes buques. La temporada de 2026 prevé, sin embargo, más de 200 escalas, la cifra más alta registrada hasta ahora, aunque con medidas operativas para distribuir los flujos, según informó La Voz de Ibiza.
Límites según tamaño y pasajeros
Ante este escenario, el Observatorio propone limitar no solo el número de cruceros, sino también el tamaño de los buques y la cantidad total de viajeros que pueden desembarcar cada día. La entidad considera necesario impedir la coincidencia de varias embarcaciones de gran capacidad para aliviar la presión sobre el puerto, la movilidad y las zonas turísticas.
La propuesta amplía las restricciones operativas aplicadas actualmente, ya que, según explicó recientemente a este periódico el jefe de Explotación y Medio Ambiente de la APB, Jorge Martín, el puerto de Ibiza puede albergar como máximo tres cruceros en Botafoc y otro barco de menor tamaño en el muelle antiguo. La Autoridad Portuaria reconoce que tanto los atraques como la terminal y el impacto sobre la isla actúan como cuellos de botella, como detalló La Voz de Ibiza.
El Observatorio reclama además prohibir el desembarque de residuos que no puedan ser tratados por los sistemas insulares, admitiendo únicamente materiales separados previamente para su reciclaje. La organización recuerda que una parte del rechazo generado en Ibiza ya debe trasladarse a Mallorca para su incineración.
«Los cruceros generan un impacto que va más allá de las emisiones o la saturación turística. Incluso los buques en tránsito desembarcan parte de los residuos generados a bordo para su tratamiento, incrementando la presión sobre un sistema insular de gestión ya muy limitado. Ibiza no puede asumir residuos que no ha generado, especialmente cuando una parte del rechazo ya debe trasladarse a Mallorca para su incineración, con el consiguiente coste económico y ambiental», añade Langley.
Conexión eléctrica pendiente
La fundación también plantea obligar a los cruceros a conectarse a la red eléctrica mientras permanecen atracados, mediante sistemas OPS, y limitar el funcionamiento de sus motores auxiliares para reducir emisiones, contaminación atmosférica y ruido.
La implantación de esta tecnología continúa siendo uno de los principales retos del puerto. La APB está desarrollando conexiones eléctricas para ferris en Botafoc, pero reconoce que un crucero puede demandar diez veces más energía que un ferry y que la red insular todavía no está preparada para suministrarla, según explicó La Voz de Ibiza.
Hasta que aumente la capacidad eléctrica disponible, el Observatorio plantea que el número de barcos atracados simultáneamente se adapte a la potencia que pueda ofrecer la red terrestre. La entidad concluye que la regulación debe evolucionar al mismo ritmo que los buques: menos centrada en contar barcos y más orientada a controlar pasajeros, emisiones, residuos y presión diaria sobre la ciudad.









