20-S CONTRA LA REFORMA DEL AEROPUERTO

Azote al turismo, más feminismo y recuperar el catalán: la Ibiza de los jóvenes que plantan cara a Aena y seducen al popular Vicent Marí

La protesta del 20-S contra la modernización del aeropuerto llega impulsada por una asociación juvenil que cuestiona el actual modelo turístico de Ibiza; los estatutos de AJE y los trabajos de su presidenta, Marga Torres Prats, ayudan a entender una propuesta de isla con menos dependencia turística, una economía más feminista y más presencia del catalán
20 S en Ibiza

Este domingo, 20 de septiembre, la Associació de Joves d’Eivissa (AJE) encabezará una manifestación contra la reforma del aeropuerto que partirá a las 18.00 horas de s’Alamera, recorrerá el centro de Ibiza y pasará delante de la sede del Consell de Ibiza. La convocatoria, inicialmente impulsada por la asociación juvenil, ha ido sumando apoyos de entidades ecologistas, culturales, vecinales y sindicales.

El rechazo al proyecto de Aena tiene una formulación inmediata: AJE considera que aumentar las dimensiones y capacidad operativa de la terminal terminará traduciéndose en una mayor presión turística sobre una isla que, a su juicio, ya está masificada.
«No queremos más turistas, no queremos más masificación», resumió su vicepresidente, Víctor Torres, al presentar la movilización. La asociación sostiene que no pretende acabar con el turismo, pero sí modificar profundamente el modelo actual.

Aena ofrece otra lectura: el gestor aeroportuario denomina a las actuaciones una remodelación, sostiene que responden en buena medida a nuevas exigencias europeas de seguridad y control fronterizo y señala que el aumento de puertas de embarque —hasta 32— es necesario incluso «a igualdad de tráfico» por la separación de los flujos Schengen y no Schengen, agravados después de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. El proyecto contempla además ocho nuevas pasarelas de embarque, nuevas superficies y una reorganización integral de la terminal.

Intento de abordaje

Una periodista de La Voz de Ibiza solicitó una entrevista telefónica con la asociación antes de la manifestación pero AJE declinó ese formato y aceptó posteriormente recibir las preguntas por escrito, con la aclaración que el plazo de respuesta debía ser previo al 20-S pero, spoiler, la respuesta jamás llegó.

En fin, para comprender el encuadre con el que AJE llega al 20-S conviene mirar más allá del aeropuerto. Los estatutos y el manifiesto de la asociación describen una determinada visión de Ibiza.
Con participantes entre los 18 y los 28 años, sus escasos integrantes están ya algo crecidos para el «six-seven» que ilustra esta pieza, pero no para estrenarse en la arena pública intentando frenar una reforma del aeropuerto de Ibiza.
Asimismo, también puede resultar de gran aporte dos trabajos académicos de su presidenta, la geógrafa Marga Torres Prats, dedicados respectivamente al modelo turístico, el trabajo femenino y el catalán.

No son programas electorales ni cabe trasladar automáticamente todas las conclusiones académicas de Torres al conjunto de AJE. Sí permiten conocer el marco intelectual de quien preside la entidad y compararlo con unas ideas que posteriormente aparecen, con distintos grados de intensidad, en el discurso y los documentos oficiales de la asociación.

Del «monocultivo turístico» a una economía más feminista

El primero de esos trabajos es Les kellys: condicions i experiències dins el model turístic d’Eivissa, su Trabajo de Fin de Grado en Geografía, Medio Ambiente y Planificación Territorial en la Universitat Autònoma de Barcelona durante el curso 2023-2024. La investigación estudia las condiciones laborales de las camareras de piso de Ibiza desde una perspectiva expresamente feminista.

El punto de partida es personal: su madre trabajó como camarera de piso. Torres explica que su objetivo es mostrar la precariedad de ese trabajo y analizarla dentro del modelo turístico ibicenco, incorporando las relaciones de género y los «roles de poder dominantes». También presenta la investigación como una llamada a la justicia social frente a desigualdades de género que considera mantenidas por «las instituciones, las empresas y la sociedad dentro del modelo capitalista».

La crítica económica no queda únicamente en las condiciones laborales de las kellys. Al abordar la insularidad, Torres cuestiona lo que denomina «monocultivo turístico» balear por haber dejado otras actividades económicas en un papel residual y generar una vulnerabilidad que hace depender el conjunto del sistema del turismo.

Es ahí donde formula una de las propuestas más claras del trabajo. En traducción literal al castellano, sostiene que resulta «esencial favorecer un modelo económico diverso y diversificado» capaz de satisfacer las necesidades básicas de los residentes y proporcionar servicios de proximidad. A continuación añade que, desde una mirada social, deberían impulsarse «modelos económicos con perspectivas más inclusivas y feministas».

El feminismo aparece también aplicado al funcionamiento de la industria turística. Torres defiende incorporar la transversalidad de género a ámbitos como la legislación, la regulación, las prestaciones o las condiciones de trabajo del sector. En las conclusiones vuelve además sobre su crítica económica al vincular la precarización con un «mercado de salarios bajos favorecido por el sistema capitalista».

El trabajo, sin embargo, no propone eliminar el turismo. De hecho, analiza la capacidad de los destinos para renovarse y recoge el turismo responsable como un modelo que busca equilibrar sociedad, conservación ambiental y eficiencia económica. Su planteamiento apunta más directamente contra la dependencia casi exclusiva del turismo y contra determinados efectos del modelo de masas.

La propia autora advierte además de las limitaciones de su investigación: la encuesta contó con 23 camareras de piso, sólo cuatro de ellas extranjeras; el trabajo de campo se realizó fundamentalmente fuera de la temporada alta y no pudieron desarrollarse ni el grupo de discusión previsto ni una entrevista con el sindicato balear de las kellys. Torres señala expresamente que algunos resultados no pueden considerarse concluyentes.

El turismo también como problema lingüístico

El segundo trabajo amplía el foco. En su TFM Minoritised Languages and Tourism: The Case of Catalan in Eivissa, dentro del máster en Desarrollo Turístico Sostenible cursado conjuntamente por la Universidad Harokopio de Atenas y París I Panthéon-Sorbonne, Torres analiza la relación entre el turismo y el retroceso social del catalán en Ibiza.

Parte de que el eivissenc no es una lengua diferente, sino la variedad ibicenca del catalán. Su investigación parte de la percepción de que cada vez resulta más difícil desarrollar la vida cotidiana plenamente en catalán y analiza qué ocurre con la lengua en los espacios intensamente turistificados.

Uno de los casos que estudia es precisamente el aeropuerto. Observa que la señalización oficial sí aparece en catalán, castellano e inglés, pero detecta un predominio absoluto del inglés en buena parte de la publicidad privada. Su conclusión general es que falta catalán en la industria, el paisaje turístico y los materiales de promoción de Ibiza, y atribuye al peso del turismo un papel relevante en otras dinámicas que han acelerado el desuso de la lengua local.

Su respuesta tampoco consiste en eliminar el turismo. Propone utilizarlo de otra manera. Pone como referencia territorios donde una lengua propia se ha convertido en parte de la identidad de un destino turístico y defiende que el catalán se incorpore a la promoción exterior de Ibiza.

«La lengua debe formar parte de la Ibiza que proyectamos», explicó al presentar las conclusiones de su investigación. Su propuesta pasa por políticas turísticas conscientes de la realidad lingüística en las que participen tanto el sector privado como la comunidad local, con el objetivo de avanzar hacia un modelo «más sostenible y arraigado culturalmente».

Lo que AJE incorpora a sus estatutos

Ese énfasis en turismo, feminismo, lengua e identidad reaparece después, aunque con una formulación propia, en los documentos oficiales de AJE.

La asociación se define estatutariamente como juvenil, sin ánimo de lucro, apartidista y aconfesional. Entre sus fines incluye promover la participación de los jóvenes en la vida social, cultural y política de Ibiza y reconocerlos como «agentes de transformación y cambio».

Sus estatutos recogen además la promoción de la cultura, las tradiciones y la memoria histórica de Ibiza; el fomento del catalán y de la identidad isleña; la justicia social y la igualdad de oportunidades; la atención específica a la precariedad; la defensa del medio ambiente; el acceso a la vivienda y al transporte público; y «la necesidad de un modelo turístico más respetuoso con la isla y su población». También establecen una «educación crítica desde una perspectiva interseccional» como criterio transversal de sus actividades.

En materia lingüística son especialmente explícitos. El catalán es la lengua vehicular y preferente de AJE, siempre utilizando la variedad propia de Ibiza, y los estatutos establecen como acción de la asociación promover activamente su uso.

El manifiesto con el que AJE se presentó públicamente en enero va más allá. Describe Ibiza como una isla sometida a una «situación insostenible de explotación» causada principalmente por un modelo económico que, según la asociación, precariza a los jóvenes y convierte «la vida y el territorio en un bien de mercado». Define el espacio que quiere construir como «cultural e identitariamente diverso, feminista y participativo» y reclama un futuro que «no dependa del turismo».

La evolución posterior ha hecho todavía más explícita esa posición turística. En agosto, durante la protesta organizada en Cala Saladeta, AJE reclamó un «cambio de modelo turístico y económico» y su manifiesto concluyó que frente a la prolongación de la temporada turística «la solución no es desestacionalizar, sino decrecer».
Solo un puñado de jóvenes y no tan jóvenes acudió a la llamada de la organización, algo que no debió de sorprender a los organizadores, en tanto que escogieron una de las playas más pequeñas de Ibiza para la performance.

«Apartidistas, pero no apolíticos»

AJE rechaza, sin embargo, presentarse como una organización vinculada a un partido. Marga Torres lo explicó al poco de la presentación pública: «Somos apartidistas, pero no apolíticos, porque la política lo es todo y los seres humanos somos políticos». En esa misma entrevista enumeró entre las preocupaciones de la asociación el territorio, la vivienda, la cultura, la lengua, el medio ambiente, el modelo turístico y la falta de diversificación laboral.

Ese marco permite situar la manifestación de mañana en un contexto más amplio. Para sus convocantes, el debate no se reduce al número de puertas de embarque que tendrá la terminal. El aeropuerto se ha convertido en una pieza más de una discusión sobre cuánto turismo puede asumir Ibiza, hasta qué punto debe depender de él su economía, qué lugar deben ocupar los residentes en ese modelo y qué peso quieren dar a la cultura y a la lengua propias.

El 20-S trasladará ese debate a la calle. Aena sostiene que está remodelando una infraestructura para adaptarla a nuevas necesidades operativas y de seguridad; AJE interpreta esas mismas actuaciones como una ampliación incompatible con el modelo de isla que defiende.

Y ese modelo, a la luz de sus propios documentos y de los trabajos de su presidenta, tiene ya unos contornos bastante definidos: menos presión turística y menos dependencia del monocultivo, una economía más diversificada y atravesada por criterios feministas, y una Ibiza en la que el catalán —en su variedad ibicenca— recupere presencia en la vida cotidiana y también en la imagen que la isla proyecta al exterior.

Marí: sí a modernizar, no a la «macroampliación»

La movilización cuenta además con el respaldo, con matices, del presidente del Consell de Ibiza, Vicent Marí. El pasado miércoles, un día después de que el Consejo de Ministros aprobara el DORA III, Marí dio su apoyo a los convocantes y anunció que se reunirá con ellos, aunque descartó acudir a la marcha: «Es un movimiento que ha salido de la sociedad y no quiero que se pueda interpretar que intento politizar esta manifestación».

Su posición sobre el proyecto no es idéntica a la de AJE. Marí separa la inversión en la terminal de su crecimiento: «En modernizar el aeropuerto estamos de acuerdo, pero en esta macroampliación evidentemente no nos posicionamos a favor, ni mucho menos». Y lanzó un aviso al Gobierno central: «Espero que no signifique que nos pasarán el rodillo por encima y harán esta macroampliación que desde Ibiza rechazamos».

No es una posición nueva. El 3 de septiembre, en una entrevista en Onda Cero, Marí ya vinculaba el debate del aeropuerto con el modelo de isla y con la necesidad de que los jóvenes puedan construir su futuro en Ibiza sin tener que marcharse, el mismo marco que AJE lleva a la calle el domingo.

La asociación, en cambio, no hace esa distinción: para ella las actuaciones de Aena son una ampliación y no hay margen para pactarla. El lunes 21, un día después de la manifestación, sus representantes tienen previsto reunirse con Marí junto a otras entidades para entregarle las firmas recogidas y trasladarle que, en palabras de Víctor Torres, «no hay negociación posible».

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