Un total de 479 personas viven sin hogar o en situación de exclusión residencial en Ibiza, según los primeros resultados del censo autonómico elaborado por el Observatorio Social de las Islas Baleares de la Universidad de las Islas Baleares (OSIB-UIB) y la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN). El estudio, presentado este jueves 29 de octubre, revela además que el 70% de las personas observadas directamente en Ibiza se encontraba en la calle, en tiendas de campaña o en barracas, una proporción que pone de manifiesto la precariedad de las condiciones habitacionales de una parte de la población.
El recuento se llevó a cabo durante la noche del pasado 30 de septiembre, cuando 404 voluntarios y profesionales recorrieron calles, playas, polígonos industriales, solares y aparcamientos de once municipios de Mallorca, Menorca e Ibiza para identificar a personas que viven sin una vivienda adecuada.
Los resultados reflejan que 3.152 personas se encuentran en situación de sinhogarismo o exclusión residencial en Baleares. De ellas, 2.495 fueron contabilizadas en Mallorca, 479 en Ibiza y 178 en Menorca.
La semana pasada, Caritas emitió su propio informe donde señalaba que atiende a unas 250 personas al año en su centro de día, aunque advertía que esa cifra no representaba la totalidad de quienes se encuentran en situación de sinhogarismo.
Dónde viven las personas sin hogar en Ibiza
Uno de los aspectos más significativos del estudio es la diferencia entre las condiciones en las que viven las personas afectadas en cada isla.
En Ibiza, el 70% de las personas detectadas directamente se encontraba en la calle, en tiendas de campaña o en barracas, mientras que el resto se distribuía entre otras formas de alojamiento precario, como vehículos, casetas o edificios abandonados.
La situación contrasta con la de Menorca, donde el 84% de las personas observadas se encontraba en vehículos o edificios abandonados. En Mallorca, por su parte, la distribución era prácticamente equilibrada: la mitad de las personas detectadas vivía en la calle y la otra mitad en vehículos, casetas o construcciones abandonadas.
Estas diferencias permiten identificar distintas manifestaciones de la exclusión residencial en las Islas Baleares, aunque todas comparten la ausencia de una vivienda adecuada y estable.
Los investigadores precisan que los porcentajes relativos a los lugares donde viven las personas corresponden a las observaciones directas realizadas durante el recuento, mientras que las cifras totales incorporan también estimaciones de ocupación y personas alojadas en recursos asistenciales.
Tener trabajo no garantiza acceder a una vivienda
El censo también revela una realidad que cuestiona algunas de las ideas más extendidas sobre las personas sin hogar: casi la mitad de las personas entrevistadas en Baleares desarrolla alguna actividad remunerada.
Este porcentaje supera el 55% entre quienes residen en vehículos, casetas o edificios abandonados, lo que evidencia que disponer de ingresos no siempre permite acceder a una vivienda.
Los investigadores realizaron 346 entrevistas durante la noche del recuento, que permitieron conocer las circunstancias personales y económicas de quienes se encuentran en esta situación.
Otro de los resultados destacados es que siete de cada diez personas entrevistadas perdieron su hogar cuando ya vivían en la isla. De hecho, el tiempo medio de residencia de estas personas es de ocho años.

Este dato contradice la percepción de que el sinhogarismo está vinculado exclusivamente a la llegada reciente de personas sin recursos.
Además, el 95% de quienes manifestaron su deseo de vivir en otro lugar señaló las dificultades económicas como el principal impedimento para abandonar su situación residencial actual.
Estos porcentajes corresponden al conjunto de las entrevistas realizadas en Baleares y no exclusivamente a Ibiza.
Las mujeres sufren una mayor inseguridad
El estudio también identifica diferencias significativas entre hombres y mujeres en situación de sinhogarismo o exclusión residencial.
Una de cada cuatro personas entrevistadas es mujer, aunque su presencia varía considerablemente según el lugar en el que duerme.
En los vehículos, una de cada tres personas es mujer, mientras que entre quienes duermen directamente a la intemperie la proporción se reduce a una de cada seis.
Los investigadores también han detectado una mayor exposición de las mujeres a situaciones de inseguridad o violencia.
En concreto, el 35% de las mujeres entrevistadas asegura sufrir inseguridad o violencia en el lugar donde duerme, frente al 21% de los hombres.
Una cifra que podría ser mucho mayor
Los responsables del estudio advierten de que los 3.152 casos identificados en Baleares representan una cifra mínima, ya que el recuento únicamente contempla determinadas situaciones de sinhogarismo y exclusión residencial.
«Solo cuenta a quien era visible aquella noche en los lugares recorridos y no incluye otras categorías de exclusión residencial, como las personas que duermen hacinadas en pisos o habitaciones, o aquellas que están en riesgo de ser desahuciadas», explica David Abril, miembro del Observatorio Social de la UIB y coordinador del proyecto.
Por tanto, los resultados no reflejan la totalidad de las personas que atraviesan dificultades para acceder a una vivienda, sino aquellas que pudieron ser identificadas mediante la metodología aplicada.
Para elaborar el censo, los equipos contabilizaron directamente a 1.093 personas y aplicaron factores de ocupación a determinados alojamientos que se encontraban cerrados cuando pasaron los voluntarios.
Así, se estimó una ocupación media de 1,41 personas por vehículo, 1,58 por tienda de campaña, 2,88 por barraca y 3,17 por caseta. En los edificios abandonados únicamente se contabilizó a las personas observadas.
Esta metodología permite aproximarse a la dimensión del problema sin considerar vacíos los espacios en los que no era posible comprobar visualmente la presencia de ocupantes.

Una segunda fase para identificar otras situaciones de exclusión
La investigación continuará con una segunda fase destinada a estudiar otros perfiles de exclusión residencial, especialmente aquellos que no pudieron ser identificados durante el recuento nocturno.
Entre ellos se encuentran las personas que viven hacinadas en habitaciones o viviendas compartidas y aquellas que se encuentran en riesgo de perder su hogar.
Esta nueva etapa se desarrollará en colaboración con los servicios sociales municipales.
Los impulsores del proyecto también proponen repetir periódicamente el censo en todas las islas y municipios, con el objetivo de disponer de información actualizada e incorporar progresivamente todas las categorías contempladas en la clasificación europea ETHOS sobre exclusión residencial.
Los resultados fueron presentados este jueves en el edificio Margalida Comas i Camps del campus de la UIB, en una comparecencia en la que participaron los investigadores Alfonso López, Maria Antònia Carbonero y David Abril, junto con Andreu Grimalt, representante de EAPN Illes Balears.
El proyecto, financiado por la Oficina de Cooperación al Desarrollo y Solidaridad de la UIB, constituye la primera iniciativa desarrollada en el marco del convenio de colaboración entre el Observatorio Social de la universidad y EAPN Illes Balears.











