Un vuelo entre Barcelona e Ibiza realizado sin quemar queroseno ya no pertenece únicamente al terreno de la ciencia ficción. La Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea (EASA) identifica precisamente la aviación regional y los trayectos cortos como uno de los ámbitos más adecuados para introducir sistemas de propulsión eléctrica, híbrida y de hidrógeno, mientras Europa adapta su regulación a la llegada de esta nueva generación de aeronaves.
La distancia entre Barcelona e Ibiza sitúa esa conexión dentro del tipo de rutas que podrían beneficiarse antes de la transformación tecnológica. EASA analiza específicamente los vuelos de menos de 500 kilómetros dentro del tráfico europeo y señala que las nuevas tecnologías de propulsión forman ya parte de los escenarios con los que trabaja el sector para las próximas décadas.
La apuesta no se limita a estudios teóricos. EASA ya certificó en 2020 el primer avión completamente eléctrico y actualmente está adaptando las normas europeas de aeronavegabilidad para aparatos eléctricos e híbridos, además de participar en la Alliance for Zero Emission Aviation, creada para facilitar su entrada progresiva en el mercado.
Es en ese contexto donde aparece la posibilidad de que rutas insulares de corta distancia sean algunas de las primeras candidatas. Sorcha Tunney, responsable en Irlanda de la organización climática Opportunity Green, ha planteado que vuelos como Dublín-Londres podrían llegar a operar prácticamente sin emisiones derivadas de la combustión hacia 2030, según declaraciones recogidas por el diario irlandés Independent.ie.
Opportunity Green sostiene que el desarrollo tecnológico de las baterías y los motores eléctricos está avanzando rápidamente y que estas aeronaves tendrían otras ventajas además de eliminar el consumo directo de combustible fósil: menos ruido, menor dependencia del precio del petróleo y sistemas mecánicos potencialmente más sencillos de mantener. La organización advierte, no obstante, de que será necesaria inversión tanto en los aviones como en la infraestructura aeroportuaria. “El 2030 es un plazo razonable para los vuelos eléctricos de corta distancia, siempre que se pueda implementar la infraestructura adecuada”, señala su portavoz.
La comparación resulta especialmente sugerente para Ibiza. Barcelona-Ibiza tiene características similares como conexión aérea corta y, además, carece de una alternativa ferroviaria, por lo que una futura electrificación permitiría reducir emisiones sin eliminar una conexión esencial para la movilidad insular.
A partir de ahí entraría el desarrollo que ya teníamos: fabricantes, autonomía, nueve pasajeros primero, horizonte 2030, limitaciones de las baterías y, después, el dato fuerte de Ibiza sobre el peso del Jet A-1.
Queroseno, principal foco de emisiones en Ibiza
Para Ibiza, esta revolución tecnológica tendría una importancia especial. La Voz de Ibiza ya informó de que el combustible Jet A-1 utilizado por los aviones se había convertido en uno de los grandes responsables de la huella de carbono de la isla.
Los últimos datos del Observatorio de Sostenibilidad de Ibiza y Formentera Preservation volvieron a situar el queroseno de aviación como el combustible con mayor impacto climático en la isla, lo que convierte cualquier avance en la electrificación de los vuelos de corto radio en una cuestión con especial incidencia local.










