Toda vida es un viaje, aunque no todos los viajes conduzcan al mismo lugar. Algunos se hacen sobre mapas, cruzando países, cambiando de ciudades y siguiendo el impulso de descubrir qué hay más allá. Otros ocurren en silencio, atravesando preguntas, creencias, heridas y certezas hasta llegar a un territorio mucho más cercano y, al mismo tiempo, desconocido: uno mismo.
Carmen Yates ha recorrido ambos caminos. Ha viajado físicamente por el mundo y profesionalmente por múltiples territorios, pero también ha emprendido, durante décadas, un viaje hacia su propia interioridad. En ese trayecto fue encontrando herramientas —la meditación, la energía, el Chi Kung, la voz y el sonido— que le ayudaron a cambiar la manera de mirar y, sobre todo, de sentirse. Todo está en ti es el resultado de ese recorrido: una exploración sobre aquello que somos cuando dejamos de buscar todas las respuestas fuera y empezamos a escucharnos desde dentro.
—Para hacernos una idea de dónde vienes: ¿de dónde eres y por dónde has viajado?
—Soy peruana, nacida y criada, pero he viajado mucho. Me fui a Oriente con mi pareja y dos niños en la época hippie, recorriéndolo todo hasta llegar a Nepal. Al final recalamos en París, donde nos quedamos quince años, trabajando en traducciones y con un restaurante de comida peruana. Luego, en Barcelona, creé una escuela de terapias alternativas llamada La Rueda, y también escribí un libro anterior para empresarios que se titula Empresa Sabia. Siempre he sido muy emprendedora: allá donde voy, creo algo.
—¿Y cómo acabas en Ibiza?
—Después de París vinimos a España, a Málaga, y veníamos a visitar a un amigo peruano que vivía aquí. Nos gustó mucho, nos fascinó, y empezamos a venir con mucha frecuencia, hasta que mi amigo me comentó que se estaban construyendo unos pisos que estaban muy bien. Esto, hablamos de hace treinta años. Los compramos y ya nos quedamos.
—Antes de hablar del libro: ¿quién es hoy Carmen Yates y qué queda de aquella mujer que comenzó su recorrido profesional en el mundo empresarial y del desarrollo personal?
—Siempre he sido muy emprendedora y autodidacta, siempre relacionada con la creatividad. De joven quería estudiar Medicina, hasta que vi que eran muchos años de estudios y yo quería aventura y viajar, así que me volqué en emprender. Tuve negocios de ropa y de otro tipo, pero cuando conocí a mi segundo marido creamos entre los dos Perú en mapas, una guía turística que tuvo un éxito enorme. Luego queríamos hacerla de los países sudamericanos, pero no nos dio la economía para tanto. Nos fuimos de aventura y creamos un juego de mesa que tampoco prosperó, porque estábamos ocupados en vivir. En España creamos una empresa muy exitosa y que sigue activa, WordWorks, dedicada a las traducciones técnicas y científicas. Pero claro, imagínate: nosotros éramos libres, no nos imaginábamos con horarios y responsabilidades como la gente inserta en el sistema. Nos comprometimos y entramos en el bucle, y fue un éxito, ganamos dinero y todo marchaba muy bien. Estábamos inmersos en la ilusión del éxito. Un día me siento frente al director del banco, con quien ya tenía una relación personal más allá de lo profesional, y me dice: «Pero ¿tú te ves? ¿Eres consciente del estrés que llevas? ¡Te va a dar algo! ¿Qué estás haciendo con tu vida?». Esa última frase me atravesó el corazón. Esa noche le dije a mi marido que necesitaba replantearme las cosas para no ser la más rica del cementerio. Entonces busqué una disciplina que me relajara, y justo enfrente de mi casa había un gimnasio donde enseñaban Chi Kung. Con ello empecé a entender que somos energía y pasé de solo pensar, al sentir. Estudié muchísimo sobre esto y, cada vez que iba a estos cursos, sentía que había otro mundo dentro de nosotros. Empecé a incluir a mi familia en estos temas y vi cómo mi hijo Óscar cambió su vida.
—Resulta paradójico que todo naciera en el despacho de un director de banco, justo lo opuesto al descubrimiento personal.
—[Risas] ¡Sí, es tremendo! Se lo cuento a la gente y no se lo cree, pero allí fue más amigo que director de banco. Además, él vio toda mi lucha creando una empresa… Se llamaba Agustín, y siempre lo recordaré.
—¿En qué sucursal fue? Para pasarme yo.
—[Carcajadas].
—Has vivido muchas etapas profesionales y personales y, en una entrevista anterior, explicabas que el descubrimiento del Método Demartini supuso un antes y un después en tu vida. ¿Qué ocurrió exactamente para que aquella experiencia cambiara tu manera de entenderte a ti misma?
—Descubrí el sonido, que me atrapó porque entendí que la psicoterapia de Demartini es un lenguaje: lo escuchas, haces preguntas… pero con el sonido lo que hay es autosanación. La persona entra en estado meditativo y, como somos energía, se conecta y encuentra respuestas de forma natural.
—¿Crees que el ser humano aún no conoce todo el potencial del sonido?
—Bueno, cada vez más gente sabe que hay un poder enorme en la utilización del sonido para sanar. El gong, por ejemplo, se ha expandido por el mundo, pero no creo que el ser humano pueda entender todavía la magnitud del beneficio de las vibraciones, las ondas o el sonido como herramienta.
—Hoy te defines como «tejedora de sonidos» y trabajas con gong, voz, energía y presencia. ¿Qué experimentaste tú con el sonido para llegar a considerarlo una herramienta de transformación?
—Todas las culturas han trabajado con el sonido, pero aun así se ha ocultado, porque es poderoso y empodera al ser humano. La chispa divina que llevamos dentro es sonido y, si conectas con ella, sabrás quién eres y a qué has venido. Pero desde la infancia nos separan de nuestro verdadero Ser. Determinadas vibraciones curan y te alinean con el verdadero Yo.
—Para alguien que nunca ha participado en una experiencia de sonido, ¿qué sucede durante una sesión con gong? ¿Qué puede sentir una persona y qué debería esperar de ella?
—Entrar en el sonido es entrar en una meditación fácil e incluso divertida. Te tumbas sobre una esterilla y escuchas. Si dejas que las ondas te atraviesen, harás un viaje interior. Sea positivo o resulte desagradable, servirá para que te despierte la consciencia.
—¿Hay que esforzarse para detener la cabeza y el pensamiento, o la música te lleva de todas formas?
—No. Hacemos una meditación para relajarnos antes de la sesión y, después, la gente que viene lo hace con una intención que dice en voz alta: que están enfadados con el marido, o que quieren descubrir más sobre sí mismos. Eso es lo que pasará, porque en la intención está el foco. Respirando y rindiéndote al sonido, el propio sonido te va a guiar y te sacará de lo mental.
—¿Qué diferencia hay entre una meditación silenciosa y otra con música?
—La silenciosa sirve sobre todo para calmar la mente, pero con música entran frecuencias que te harán vibrar más alto: es un camino hacia otro lugar. Los cantos sagrados ya se usaban antiguamente para sanar, porque contienen armónicos. Pitágoras descubrió los armónicos, que son notas que no pueden medirse como el do o el re y que alcanzan registros altísimos. La voz humana es el mejor método que tiene el ser humano para curarse. La propia vibración. La voz humana es un instrumento.
—¿Qué es el proyecto Armoncura, directamente vinculado con el libro?
—Nace porque, cuando estoy acabando el libro, en una meditación recibo una información de mis guías que me dicen que «buscaban un músico para frecuencias sanadoras». Y yo conocía a alguien. Al final puse la voz, grabamos y a partir de ahí salió la posibilidad de hacer eventos artísticos. Y ahí vamos: estamos en ello, porque acabamos de ponerlos en marcha.
—¿Y os metéis con los hercios? Porque se ha descubierto que unos u otros tienen poderes o influyen en los humanos de maneras distintas. Por ejemplo, dicen que el efecto de la frecuencia de 437 Hz se enmarca dentro de las terapias alternativas de sonido y la meditación, donde se le atribuye una sensación de calma profunda, paz mental y atracción de la prosperidad. Y luego está la famosa frecuencia de 432 Hz, a la que llaman «frecuencia del universo».
—Sí, claro. Está muy popularizado el tema y hay artistas que ya crean piezas a partir de ciertos hercios. Yo no soy experta en ello, pero sí soy creyente.
—¿El tambor es el padre de todo?
—Sí, es el maestro, el origen, el vehículo de conexión con Dios desde que los humanos originales estaban en trance en África, y hasta hoy.
—Vamos con el libro. El título es muy poderoso: Todo está en ti. ¿Qué significa realmente esa frase?
—El título engloba eso de buscar fuera lo que tenemos dentro. Nos olvidamos de que tenemos que habitarnos desde dentro y crear lo de fuera. Todo lo que vemos fuera está creado desde dentro. Si no tomas consciencia de tu ser, ¿cómo vas a crear un exterior coherente y consecuente con tu definición del Ser? Yo uso el sonido, de todo el camino recorrido, para recordar el poder creador que tenemos dentro.
—¿Dirías que la vida es el tiempo dado para descubrir el universo que hay dentro de uno?
—Exacto. Lo has puesto muy bonito. Es así. Solo debemos recordar que tenemos una definición preescrita de quién o qué somos. Y cuando estás conectado contigo mismo, la vida se vuelve mucho más fácil, no hace falta luchar en absoluto. Cuando te descubres, y te amas, y amas a ese niño o niña herido, vives en el amor, y ahí todo es muy fácil, porque todo lo vivo es amor. Pero hay que ser valiente para mirarse al espejo y aceptar qué eres y qué quieres cambiar.
—¿Y es indestructible, crees tú? ¿Nada de lo que te pase en la vida puede adulterarlo?
—Sí, el sonido no se puede apagar. Y te diré que antes de morir lo sentirás muy fuerte, y entenderás que siempre estuvo ahí. El Espíritu es eterno. Y la vida, presente.
—Está la teoría de Matrix: que en realidad todo esto es una simulación, que somos un programa informático sofisticado pero no somos reales. ¿Crees que podría ser cierto?
—Sí, creo que podría ser verdad. Ahora está entrando la tecnología más que nunca en nuestras vidas y es cierto que el propio cuerpo humano es una… Y el mundo en el que vivimos es ilusorio, y todo es relativo según quién lo mire y desde dónde. Lo cierto es que en realidad no sabemos nada [risas].
—El libro no es una autobiografía convencional ni tampoco un manual de autoayuda tradicional. ¿Cómo definirías tú el género de Todo está en ti?
—Yo lo pondría en el estante del crecimiento individual. Este libro me ha cambiado la vida, porque con él he sanado muchas cosas que llevaba dentro y me enseñó el camino hacia mi Yo.
—¿Qué te gustaría que le ocurriera por dentro a una persona cuando cierre la última página de Todo está en ti?
—Que algún capítulo o alguna frase le haya producido un cambio. Que sea el chispazo del primer paso, que es el más difícil.
—Como octogenaria, con tanto vivido, quería preguntarte: ¿cómo ves el mundo de hoy?
—Yo tengo una manera de ver las cosas desde una dualidad, dos caras de la misma moneda. Ya son muchos años entrenando la mente para entender esto. Hay cosas muy negativas, pero también muy positivas. Somos constructores y destructores; siempre habrá luz y sombra, el yin y el yang. Vamos evolucionando mientras damos pasos hacia atrás. Para dar un gran salto es necesario retroceder. Creo que hay mucha incertidumbre, que no sabemos adónde vamos, y siento que la humanidad está consumida, ensimismada… La gente tiene que luchar en este momento, pero hay mucho miedo y mucha culpa inculcados desde la infancia.
—Es duro para los jóvenes mirar lo que pasa y pensar: «Cómo hay adultos destruyéndolo todo y otros sin hacer nada por remediarlo».
—A mí me preocupan mucho los niños. Yo tengo nietos que verbalizan estas cosas, que no entienden qué pasa. Es una bomba de relojería. Y los padres saben que tienen que cambiar, pero están atados a un sistema que no te deja pensar en otra cosa que en sobrevivir.
—Antes, cuando tú y yo éramos jóvenes, era sota, caballo y rey: «Vas a crecer, vas a tener una familia, un trabajo, vas a viajar». Ahora no se sabe qué va a pasar globalmente dentro de cinco años…
—Exacto. Es que nadie lo sabe. Es un problema. Y hay profesiones que van a desaparecer y no hay plan de contención… La vida moderna nos está deshumanizando.
—¿Qué crees que debería hacer la humanidad para evolucionar en estos momentos?
—Hay que ser lo más humanos posible, sobre todo a través de la creatividad. Todos llevamos un artista dentro. Yo tengo optimismo en la humanidad, porque ante el dolor el ser humano despierta. Y también porque hay mucha gente trabajando para contrarrestar todo lo malo que está pasando. ¡Y cada vez seremos más! [sonríe].
Puedes encontrar su libro aquí.
Fotos cedidas por la entrevistada.











