Las cifras que colocan a Iberia al frente de las reclamaciones aéreas muestran solo una parte del problema. Por cada pasajero que protesta, acude a una organización de consumidores, llega hasta AESA o termina ante un juez, hay otros que ni siquiera dan el primer paso. OCU señala a La Voz de Ibiza, citando datos de la Comisión Europea, que apenas uno de cada dos viajeros con derecho a una compensación llega a solicitarla. Reclamador.es va más allá: asegura que la falta de reclamación continúa siendo «la situación más habitual» y recuerda que llegó a calcular que hasta nueve de cada diez afectados no iniciaban ningún procedimiento.
Reclamador.es llegó a calcular una proporción todavía más extrema. Su equipo jurídico explica a este periódico que hace unos años estimaba que no más del 10% de pasajeros afectados por incidencias reclamaba, aunque advierte de que se trata de una estimación histórica y no de una medición actual. Aun con esa cautela, la empresa sostiene que sigue siendo muy habitual encontrar viajeros que desconocen qué pueden exigir.
Reubicar pasajero no siempre liquida deuda
Una reclamación puede suponer entre 250 y 600 euros por pasajero, dependiendo de la distancia y de las circunstancias de la incidencia. Una de las confusiones empieza inmediatamente después de una incidencia. Reclamador.es explica que muchos viajeros aceptan que la compañía los coloque en un vuelo posterior y entienden que, con esa solución, la aerolínea ya ha cumplido todas sus obligaciones. No necesariamente es así. Una recolocación puede resolver el transporte, pero no elimina automáticamente una eventual compensación por el retraso o la cancelación.
Las cantidades en juego alcanzan cientos de euros por pasajero. En los supuestos contemplados por el Reglamento europeo, una incidencia puede generar compensaciones de 250, 400 o 600 euros, dependiendo de la distancia, el retraso final y las circunstancias que originaron el problema.
Eso convierte el desconocimiento en dinero que las compañías nunca tienen que desembolsar. La aerolínea sabe qué vuelo fue cancelado, cuánto se retrasó, quién tenía billete y a qué hora llegó el pasajero; sin embargo, salvo determinados supuestos, sigue correspondiendo al consumidor detectar que puede tener derecho a una compensación, presentar una reclamación y perseverar hasta cobrarla.
Excusas que frenan reclamaciones
Reclamador.es asegura encontrarse también con pasajeros que abandonan después de recibir una primera negativa de la compañía. La empresa cita entre los casos que gestiona respuestas en las que se atribuye un retraso a circunstancias como el mal tiempo y sostiene que, en ocasiones, sus herramientas de comprobación muestran datos distintos de los alegados inicialmente por la aerolínea.
El problema adquiere especial interés después de los datos revelados sobre Iberia. La compañía encabezó en 2025 las reclamaciones RAL admitidas ante AESA, con 2.991 expedientes y el 23,9% del total, pese a representar solo el 7,7% de los pasajeros comprendidos en esa estadística. En el primer semestre de 2026 volvió a ocupar el primer puesto entre los expedientes gestionados por Reclamador.es.
Esas cifras, además, solo cuentan a quienes sí reclamaron. No incluyen a todos los viajeros que podían tener un derecho económico y decidieron no ejercerlo. Ese universo invisible es precisamente lo que hace difícil calcular cuánto dinero dejan de pagar cada año Iberia y el resto de las compañías porque el pasajero jamás inicia el procedimiento.
Pago automático, debate pendiente
La cuestión de fondo es por qué debe iniciar el procedimiento el pasajero cuando buena parte de los hechos son conocidos automáticamente por la compañía. Hora prevista, hora real de llegada, cancelación, pérdida de conexión, identidad del viajero y vuelos alternativos forman parte de sus propios sistemas.
La Voz de Ibiza ha trasladado esa cuestión al Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030: si una compensación puede determinarse a partir de datos objetivos que ya posee la aerolínea, ¿debería pagarse automáticamente en lugar de obligar al usuario a reclamar? El Ministerio aún no ha respondido.
Mientras ese mecanismo no exista, la primera criba continúa siendo el propio consumidor. Antes de Iberia, AESA, una mediación o un juzgado aparece una decisión mucho más elemental: saber que se tiene derecho a reclamar y disponer de tiempo y paciencia para hacerlo. Y una parte enorme de los afectados se queda precisamente ahí.











