La Policía Local de Sant Antoni de Portmany, en colaboración con la Guardia Civil, desmontó la mañana de este miércoles la macrofiesta ilegal que este diario había adelantado horas antes y que se celebraba en una villa de la zona de Can Mulo, cerca del Camí Vell de Sant Mateu, entre Buscastell y Sant Mateu. En el interior se encontraban alrededor de 1.000 personas, todas con pulseras identificativas de acceso.
La actuación se activó tras detectar la publicidad del evento en redes sociales y después de diversas quejas vecinales por el ruido y por el estacionamiento masivo de vehículos en zonas rústicas próximas. En el dispositivo participaron tres patrullas de la Policía Local, el técnico municipal de Actividades y tres patrullas de la Guardia Civil.
Según pudieron comprobar los agentes, los organizadores habían establecido varios puntos de encuentro desde el que se realizaba un servicio de lanzadera para trasladar a los asistentes hasta la vivienda donde se desarrollaba la fiesta.
La fiesta, además de clandestina, era ilegal. El técnico municipal de Actividades levantó acta por presuntas infracciones de la Ley 7/2013, de 26 de noviembre, de régimen jurídico de instalación, acceso y ejercicio de actividades en las Illes Balears. El Ayuntamiento añade que se valora la posible comisión de otras infracciones derivadas de celebrar el evento en suelo rústico, donde este tipo de actividades no está permitido. La investigación y la tramitación administrativa siguen abiertas.
A su llegada, los agentes identificaron a una persona que manifestó ser la responsable de la actividad y que permitió el acceso para la inspección. Dentro, constataron una organización logística propia de un evento de gran afluencia: personal de control de aparcamientos, aseos portátiles, grupos electrógenos, varios espacios con diferentes ambientes musicales, numerosas barras, una zona de restauración, un tiovivo portátil y un área sanitaria con ambulancia y carpa con personal técnico.
La fiesta del millón de euros que pagaba un solo cliente
La cita, programada bajo el rótulo The Cube – Everlife Motel, preveía arrancar el martes a las 19:00 y prolongarse hasta las 16:00 del miércoles, más de veinte horas de despliegue. El acceso era gratuito para el millar de invitados: la factura íntegra, estimada en torno al millón de euros, la asumía un único cliente, según las fuentes consultadas por este diario, en una modalidad cada vez más extendida en el segmento de lujo que opera al margen de los grandes clubs.
La intervención policial provocó el final anticipado de la fiesta, que estaba previsto que se prolongara hasta la tarde-noche. Tras la actuación, los asistentes fueron abandonando progresivamente el lugar.
El programa musical reunía a algunos de los nombres más cotizados de la electrónica internacional —Sébastien Léger, WhoMadeWho, Bedouin, Seth Troxler, Dennis Cruz, Pawsa— habituales de las noches de pago en las grandes salas de la isla. El acceso solo era posible con pulsera y tras tres filtros de seguridad, y ya en el interior los asistentes debían entregar el teléfono móvil, una medida que blindaba el evento frente a la difusión en redes y que, finalmente, no impidió la intervención.
Una oferta paralela que el sector denuncia
El fenómeno de las fiestas privadas en villas del interior no es nuevo, pero ha crecido hasta convertirse en una oferta paralela —y a veces competidora— de la de los grandes clubs. Organizadas por empresas de concierge para clientes internacionales que buscan exclusividad y discreción, estas citas mueven cifras millonarias y cachés equivalentes a los de las grandes salas sin asumir, denuncia el sector desde hace temporadas, las mismas obligaciones en materia de aforos, licencias y fiscalidad.












