La dificultad para completar plantillas por la crisis de vivienda que se vive en Ibiza está lejos de dar tregua a los hoteleros de la isla. Se trata del principal problema que afrontan en el sector y que, “además se ha cronificado”, destaca Alicia Reina, presidenta en Baleares de la Asociación Española de Directores de Hotel (AEDH).
“Cuando un trabajador tiene que destinar una parte desproporcionada de su salario a alojamiento, o directamente no encuentra dónde vivir en condiciones dignas, deja de ver Ibiza como una oportunidad profesional y empieza a verla como un destino inviable”, explica a La Voz de Ibiza. Reina señala que esta temporada casi un tercio de fijos discontinuos han declinado trabajar en Ibiza, principalmente por el problema de la vivienda. “Eso es especialmente evidente en perfiles cualificados y de responsabilidad, donde además existe más competencia de otros destinos y de otros sectores”, apunta.
La dirigente hotelera enfatiza que “el sector está haciendo un esfuerzo real por mejorar condiciones, retener talento y, en muchos casos, facilitar alojamiento. El problema es que, cuando el coste de vida se dispara, la ecuación deja de depender solo del salario. Puedes tener una buena oferta, pero si no puedes garantizar una vivienda razonable, esa oferta pierde atractivo frente a otras opciones”.
En otras palabras, no se trata “solamente de un problema exclusivamente laboral, sino estructural”.
“La vivienda ha dejado de ser una cuestión social aislada para convertirse en un factor de competitividad del destino. Y mientras no lo afrontemos así, seguiremos teniendo dificultades para captar y fidelizar profesionales”, asegura.
La desestacionalización
La crisis de la vivienda también impacta, según Reina, en uno de los principales objetivos que tiene el Consell en materia de turismo: desestacionalizar la actividad. “Es muy difícil pedir estabilidad laboral anual cuando no existe estabilidad residencial. Sin acceso a vivienda asequible todo el año, es complicado atraer y retener talento fuera de temporada”, considera.
Según su análisis, si bien se ha avanzado en desestacionalizar, “no lo suficiente como para hablar de un cambio estructural real”. Porque aunque aumenten las iniciativas para promover el turismo fuera de la temporada, “la actividad sigue concentrándose en unos pocos meses y el modelo, en esencia, no ha cambiado”.
“Aquí hay que ser honestos: no es solo una cuestión de estrategia turística, es una cuestión de voluntad real (política, empresarial, social e institucional). La desestacionalización exige renuncias, coordinación y cambios profundos, y hoy por hoy esa alineación no existe del todo”, considera.
Hoy en día, la realidad económica y social condiciona el mercado laboral: los trabajadores saben que deben intercalar la temporada alta con períodos de muy baja actividad en invierno si pretenden trabajar todo el año. Reina considera que en muchos sectores las condiciones fuera de temporada no siempre compensan.
“Por otro lado, como isla también hemos normalizado vivir de forma muy intensiva seis meses al año. Mientras empresas y economía local puedan sostenerse con esa concentración de ingresos, el incentivo para asumir el riesgo de abrir todo el año —con costes fijos elevados y demanda incierta— es limitado”. En otras palabras, desestacionalizar implica invertir más tiempo, más recursos y asumir más riesgo, y no todos están en esa posición.
A esto, dice, se suman retos estructurales como la conectividad aérea en invierno, la apertura real de servicios, la oferta complementaria o la falta de un calendario potente de eventos que genere demanda sostenida.
Incertidumbre sobre el impacto de la guerra
El sector hotelero entero está pendiente desde hace semanas de la evolución de la guerra en Irán. Para Reina, aunque esto cambia día a día, actualmente “el efecto previsto para España y también para Baleares es ambivalente”.
“Por un lado, la inestabilidad en Oriente Medio está reforzando a España como destino refugio para una parte de la demanda europea, especialmente familiar”. En esta línea, recuerda que Exceltur ha revisado al alza sus previsiones y estima incluso un trasvase de gasto turístico hacia España por la percepción de mayor seguridad.
Sin embargo, “sería un error hacer una lectura simplista o triunfalista”. Esto es porque un conflicto de este tipo también trae incertidumbre, encarecimiento energético, presión sobre costes operativos y posibles efectos en conectividad y consumo. “Es decir: puede entrar más demanda desviada desde otros mercados, sí, pero al mismo tiempo nuestros costes pueden subir y el entorno volverse más volátil”.
“En Ibiza, por tanto, debemos ser prudentes. Somos un destino fuerte, consolidado y percibido como seguro, y eso nos beneficia. Pero la clave no está solo en captar una demanda coyuntural, sino en responder con valor, calidad y estabilidad”, concluye.











