CRISIS DE LA VIVIENDA

Así serán las 25 viviendas temporales de alquiler en Ibiza: cinco millones de euros en zona inundable y un edificio «que no toca el suelo»

El terreno de s'Hort de sa Fruita es blando, orgánico y está en zona de riesgo de inundación. La solución de los arquitectos: elevar todo el programa residencial sobre una planta baja casi vacía y anclar la estructura con micropilotes hasta la roca a unos 11 metros de profundidad.

El edificio está en una zona de riesgo de inundación.

Imagina un edificio que flota. Que tiene planta baja pero no vive en ella, que se apoya en el terreno de la manera más puntual posible y eleva todo su programa residencial por encima de la cota de riesgo. Eso es, en esencia, lo que el IBAVI va a construir en el carrer de s’Hort de sa Fruita de Ibiza: un bloque de 25 alojamientos temporales para funcionarios que, antes de pensar en ventanas o acabados, tuvo que resolver un problema de fondo.

Es que el proyecto se montará en un solar problemático. El terreno de s’Hort de sa Fruita no es un solar convencional. Está en el borde del sistema histórico de ses Feixes, esa red de huertos y canales que durante siglos organizó el territorio húmedo junto a la ciudad. El suelo es blando, orgánico, cargado de agua.

La Memoria del proyecto describe la zona como de «transición entre tejido residencial consolidado y los espacios abiertos vinculados al sistema histórico de ses Feixes».

El estudio geotécnico encargado por el IBAVI encontró una sucesión de estratos que los técnicos describen como rellenos antrópicos superficiales, arcillas holocenas, sedimentos de albufera con lodos orgánicos y limos. El nivel freático aparece a apenas un metro de profundidad, con agresividad química media para los materiales en contacto.

El marès —la roca sólida, las calcarenitas— no aparece hasta los diez u once metros.

Y hay otro problema: el solar está en zona de riesgo de inundación documentada. Cuando llueve con intensidad, el agua viene. Eso lo cambia todo.

El edificio de 25 viviendas para funcionarios.

Zona de riesgo de inundación

El solar de s’Hort de sa Fruita está catalogado como zona de riesgo de inundación y ese condicionante es el que determina la decisión más radical del proyecto.

Según la Memoria del proyecto ejecutivo, la planta baja queda libre de uso residencial porque el edificio está «dentro de una zona de riesgo de inundación, aspecto que condiciona la implantación del proyecto y justifica la disposición de los usos residenciales por encima de la planta baja«.

El documento cita además «episodios de inundación documentados en el entorno inmediato» como justificación de esa estrategia.

Para respaldar esa decisión, el IBAVI encargó un estudio específico de riesgo de inundabilidad de la parcela —incluido como anexo en el proyecto ejecutivo— que analiza las cotas de inundación y define a partir de qué nivel es seguro situar viviendas.

El resultado es un edificio cuya planta baja se destina exclusivamente a aparcamiento, núcleos de comunicación vertical y espacios técnicos. Las 25 viviendas arrancan en la primera planta.

El edificio que no toca el suelo

La respuesta de los arquitectos —la UTE formada por Jaume Alcover, Joan Fortuny y Francisco Flaquer— fue radical y coherente: la planta baja del edificio quedará prácticamente vacía. Solo los núcleos de escaleras y ascensores, los cuartos técnicos y el aparcamiento en superficie ocuparán ese nivel.

Las 25 viviendas arrancan en la primera planta y suben hasta la quinta. El edificio es, en términos técnicos, palafítico: toca el suelo lo justo.

Para anclar esa estructura sobre un terreno sin capacidad portante, la solución son micropilotes que perforan los estratos blandos y llegan hasta la roca a once metros de profundidad.

El edificio se elevará sobre una cimentación adoptada mediante micropilotes.

Solo esa cimentación cuesta 379.454 euros. En el pequeño sótano donde irá el aljibe de agua del edificio, los muros de contención son de hormigón armado de 30 centímetros de grosor, diseñados para resistir las presiones del terreno y del agua freática.

La estructura que arranca de esa cimentación combina pilares de hormigón ejecutados in situ en planta baja con pilares prefabricados de hormigón en las plantas superiores.

Esa elección no es solo técnica: los prefabricados aceleran la obra y mejoran el control de calidad en fábrica. Los forjados son de prelosa prefabricada con capa de compresión ejecutada in situ. En conjunto, estructura y cimentación suman casi un millón de euros, cerca del 23% del presupuesto total de ejecución material.

Veinticinco viviendas para hasta setenta personas

A partir de la primera planta, el edificio se repite cinco veces. Cada planta tiene cinco alojamientos organizados en torno a una pasarela exterior de acceso orientada al norte-noroeste. Las fachadas principales miran al sureste. Esa disposición garantiza ventilación cruzada en los 25 alojamientos, aprovechando los vientos de componente marítima dominantes en Ibiza.

Los balcones no son solo un elemento estético: actúan como filtro climático, protegiendo del sol en verano y captando la radiación en invierno.

El edificio de 25 viviendas para funcionarios.

Las tipologías son seis. Diez alojamientos tienen dos dormitorios y capacidad para cuatro personas —superficies computables de 64,90 metros cuadrados, incluyendo terraza—, entre ellos dos unidades totalmente adaptadas para personas con movilidad reducida.

Los otros quince tienen un dormitorio y capacidad para dos personas, con superficies de entre 47,58 y 49,07 metros cuadrados. En total, el edificio podría albergar hasta 70 personas.

El capítulo más caro: la carpintería

El presupuesto total de ejecución por contrata es de 5.079.914 euros, más de 200.000 euros por unidad. Pero el desglose tiene una sorpresa: el capítulo más caro de toda la obra no es la cimentación, ni la estructura, ni las instalaciones.

Es la carpintería metálica y cerrajería de taller, con 862.255 euros, el 20% del presupuesto de ejecución material.

La razón es visible en los renders del proyecto: ese edificio dorado, de lamas y persianas amarillas que se pliegan y despliegan, es casi todo carpintería. Cada terraza lleva un sistema de cuatro porticons de aluminio microperforado, pivotantes y plegables dos a dos, sin guía inferior, que funcionan simultáneamente como protección solar, filtro de privacidad y barrera antiintrusión.

El edificio de 25 viviendas para funcionarios.

Los marcos metálicos que enmarcan cada balconera integran el premarco, la guía superior de los porticons y, en algunos casos, la barandilla. Todo ello en acero galvanizado lacado al horno, del mismo color que la carpintería de aluminio de las ventanas.

La cubierta albergará placas fotovoltaicas. El aislamiento de la fachada es de 100 milímetros de lana mineral con acabado de silicona. La calificación energética prevista es A, la máxima.

El edificio tiene doble acceso rodado: entrada desde el carrer de s’Hort de sa Fruita y salida hacia el carrer Torrent de sa Llavanera. Ahora está en información pública. Si no hay obstáculos, será el primer edificio de alojamientos dotacionales construido en Ibiza.

El edificio de 25 viviendas para funcionarios.

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