Cuando quedó acreditado que la licencia de sala de fiestas en la que se apoyaba el permiso de la macrodiscoteca del Hotel Ibiza Corso no existía, el Ayuntamiento de Ibiza no retiró la licencia de obras. Cambió de explicación.
Desde entonces sostiene que el local no es una sala de fiestas con vida propia, sino un servicio complementario del hotel, pensado para sus huéspedes, y que por eso no le afecta la prohibición de nuevas salas de fiesta que impone el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) aprobado en 2023, ya bajo mandato de Rafa Triguero (PP).
Esa explicación no se sostiene, y no por un motivo, sino por varios a la vez. No la sostienen los metros cuadrados. No la sostiene el aforo, muy superior a las plazas del hotel al que dice servir. No la sostiene el diseño del local, con escenario, camerinos y puerta propia a la calle. Y no la sostiene el hecho de que, cuando hubo que explicar el proyecto a los vecinos, quien presidió la reunión no fue nadie del hotel, sino el director artístico del futuro operador de la sala, Joan Gracia.
Cómo se llegó hasta aquí
El punto de partida es una prohibición que no admite lecturas. El Plan General de Ordenación Urbana de Eivissa, en vigor desde 2023, veta la implantación de nuevas salas de fiesta, discotecas y salas de baile en todo el término municipal, y lo hace por duplicado, en dos artículos distintos.
Para sortearla, la promotora sostuvo que no se trataba de una instalación nueva sino de la ampliación de una sala de fiestas preexistente que ya contaba con licencia de actividad en vigor. Un uso ya implantado puede conservarse aunque el planeamiento lo prohíba para nuevas implantaciones. Sobre esa premisa se otorgó la licencia de obras el 9 de febrero de 2026, con un presupuesto de ejecución material cercano a los trece millones de euros, si bien fuentes del sector cifran la factura en más del doble, mucho más.
En realidad, esa licencia previa nunca existió. El expediente que debía otorgarla quedó archivado sin resolver en 2016, y la referencia administrativa que se invocaba en su lugar correspondía a un simple cambio de titularidad de la licencia hotelera. El único antecedente recreativo acreditado es una autorización de 1996 para una sala de baile de 488 metros cuadrados que tenía expresamente prohibida la realización de espectáculos y demás actividades propias de sala de fiestas.
Acreditado el vacío, el Consistorio no revocó nada. Cambió de fundamento: la sala pasaría a ser un servicio complementario del hotel, restringido a sus huéspedes, y por esa vía quedaría fuera del alcance de la prohibición.
La división que no cuadra
El argumento del Ayuntamiento es difícil de sostener desde la lógica. Y, menos aún, desde la aritmética. La sala proyectada alcanza los 2.484,20 metros cuadrados, prácticamente el techo de 2.500 que el cuadro de usos admite para esta tipología en zona turística. Con ella, el conjunto de la oferta complementaria del establecimiento se eleva a 3.692,71 metros, más de una cuarta parte de la superficie total del hotel. Su aforo se sitúa en torno al medio millar de personas.
Enfrente, el hotel al que supuestamente sirve cuenta con algo más de trescientas plazas turísticas. En otras palabras, ni ocupando el establecimiento al completo, todas las noches de la temporada, sus huéspedes bastarían para llenar el local que, según esgrime ahora el Ayuntamiento, existe para darles servicio.
Lógicamente, ninguna oferta complementaria hotelera del mundo se dimensiona así. Un gimnasio, un spa o un restaurante de hotel se calculan por debajo del número de plazas, porque nunca las usan todas a la vez. Aquí ocurre lo contrario: la instalación duplica largamente la capacidad del establecimiento que dice complementar.
Un local que no está diseñado para huéspedes
La descripción del propio local refuerza lo que dicen los números. Según la enumeración que los vecinos trasladaron al pleno del Ayuntamiento de Ibiza, se trata de un espacio con escenario, camerinos, palcos, guardarropa, pasarela, tres barras, una cocina de trescientos metros cuadrados y puerta propia a la calle.
Ese último elemento es el que mejor resume el problema. Nadie proyecta un acceso independiente desde el exterior para un público que ya está alojado dentro del edificio. Una puerta a la calle no sirve al huésped: sirve al que viene de fuera.
La pregunta que el Ayuntamiento no ha contestado
Hay además una consecuencia jurídica del argumento que el Consistorio parece no haber medido. Si la sala es un servicio complementario del establecimiento, entonces solo puede ser explotada por el titular de ese establecimiento, Turismo Balear S.A. Un servicio complementario no es un negocio independiente que se arrienda a un tercero: es parte de la oferta del hotel.
Esto contradice, sin embargo, que cuando el regidor de urbanismo del Ayuntamiento, Juan Flores, presentó el proyecto a los vecinos en febrero, los hizo junto al director artístico de Lío Ibiza, que por entonces se perfilaba como el operador de ocio en el Corso.
Dónde está hoy el expediente
La licencia sigue vigente. Sobre ella pesan el reconocimiento por escrito del propio Consistorio de que el proyecto rebasa el límite del 15% de incremento de ocupación que exigía el régimen excepcional al que se acogió —defecto que su propio informe califica de insubsanable—, los recursos presentados por los vecinos y la decisión pendiente del Consell de Ibiza.
Mientras tanto, el Ayuntamiento de Ibiza sostiene que una sala de 2.484 metros con escenario, camerinos y puerta a la calle, con capacidad para más personas de las que caben en el hotel, es un servicio pensado para los clientes de ese hotel.











