Laura López vivía desde hacía un año y cinco meses en el coche que le servía de hogar en Jesús, Ibiza, junto a sus dos perros. La semana pasada, una grúa retiró el vehículo por carecer de seguro y la dejó en la calle con lo poco que pudo recoger a tiempo. Ahora, tras preguntar este periódico al Ayuntamiento de Santa Eulària des Riu, Laura tiene ya cita con una trabajadora social para el próximo martes, 6 de octubre. Según el informe social y de acuerdo al grado de vulnerabilidad que presente, se evaluará el tipo de ayuda que podrá recibir, que podría consistir en alojamiento temporal o atención médica.
«Me dejaron con lo que pude coger»
Laura reconoce que llevaba unos 25 días sin póliza de seguro. Explica que la compañía con la que estaba asegurada se negó a renovársela y que tampoco consiguió contratar una nueva con otra aseguradora, sin que le aclararan los motivos. Según su relato, la policía acudió al lugar después de que unos vecinos llamaran mientras un creador de contenido retransmitía en directo lo que ocurría. Fue entonces cuando los agentes comprobaron que el coche no tenía seguro y le comunicaron que se lo llevaría la grúa.
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«Me dejaron en plena calle con las pertenencias que pude coger», relata Laura a este medio. Asegura que inicialmente le dijeron que podría alojarse en un hostal durante el fin de semana mientras se buscaba una solución, así que solo recogió del coche lo que creyó necesario para esos días. Sin embargo, una vez retirado el vehículo, le indicaron que debía buscarse alojamiento por sus propios medios porque llevaba 200 euros en efectivo. «Ese dinero lo necesito para alimentarme y mantenerme», explica, con miedo a gastarlo en una habitación y volver a quedarse en la calle sin recursos.
El origen de su situación, en Jaén
Laura sitúa el inicio de sus problemas en una intervención policial ocurrida hace aproximadamente año y medio en Villanueva del Arzobispo, Jaén. Denuncia que dos policías locales la tiraron al suelo y le fracturaron una vértebra lumbar, un caso que, según afirma, está en manos de la Justicia. Esa lesión, dice, limita su capacidad para volver a trabajar en la agricultura o la hostelería, los sectores a los que se dedicaba antes.
Laura es, además, una mujer trans en proceso de transición y asegura que necesita atender su salud y recibir apoyo, algo que se complica al no tener un lugar fijo donde vivir. Antes de instalarse en Ibiza pasó por otros municipios buscando ayuda y una oportunidad laboral. Eligió la isla ante la llegada del invierno porque, según explica, el clima le ayuda a sobrellevar sus problemas de salud.
Sus perros, lo único que le queda
Sus dos perros son inseparables de ella. Laura insiste en que los cuida pese a sus escasos ingresos: tiene sus cartillas veterinarias al día y procura darles la mejor alimentación posible. «Me desvivo por mis dos animales», afirma. Para ella, perder el coche no solo supuso quedarse sin transporte, sino también sin el único espacio donde guardaba sus cosas y se refugiaba junto a ellos.
El Ayuntamiento confirma la cita
Tras conocer el caso, este periódico preguntó al Ayuntamiento de Santa Eulària des Riu si tenía constancia de la situación de Laura y si atendía casos similares de personas sin hogar en el municipio. El consistorio trasladó la consulta a Servicios Sociales y confirmó que Laura ya tenía fecha con una trabajadora social: será el martes 6 de octubre, en una visita de urgencia para valorar tanto su situación social como su estado de salud.
El Ayuntamiento explica que no existe un protocolo único para todos los casos, sino que cada expediente se estudia de forma individual según las necesidades de cada persona. En función del informe que elabore el departamento de bienestar social, de acuerdo al grado de vulnerabilidad que presente, se podría llegar a ofrecer alojamiento temporal o, si el problema es de salud, gestionar la atención médica necesaria. El consistorio, no obstante, no ha facilitado cifras sobre cuántas intervenciones similares gestiona actualmente en el municipio.
Laura sigue buscando un lugar donde alojarse junto a sus perros y desde el que pueda ocuparse de su salud. Está dispuesta a seguir contando públicamente lo que le ocurre con la esperanza de encontrar ayuda. «Me siento bastante afectada», reconoce, a la espera de esa primera cita con los servicios sociales.











