El gran desafío ambiental del puerto de Ibiza no son hoy las emisiones en sí, sino lograr que los cruceros apaguen sus motores mientras están atracados y se conecten a la red eléctrica. Es lo que se conoce como sistema OPS (suministro eléctrico en tierra): un buque conectado a la toma del muelle puede mantener encendidos sus servicios —luz, cocinas, aire acondicionado— sin quemar combustible, lo que reduce los humos y el ruido durante las horas de escala. Pero hay un obstáculo de fondo: un crucero demanda diez veces más energía que un ferry, y la red de la isla aún no está preparada para darle ese suministro.
Quien lo explica es Jorge Martín Jiménez, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y jefe del Área de Explotación y Medio Ambiente de la Autoridad Portuaria de Baleares (APB). El organismo ha sido pionero en este sistema para los ferris —en Palma hay algún atraque operativo y en Ibiza se está terminando de construir en los pantalanes de Botafoc—, pero el crucero es otra liga: su consumo dispara la cifra hasta extremos que obligan a una planificación energética que excede al propio puerto.
En conversación con La Voz de Ibiza, Martín matiza que la calidad del aire no es hoy un problema: cinco estaciones miden en tiempo real en el puerto y los picos puntuales de contaminación, cuando los hay, rara vez proceden de los cruceros. El reto, insiste, mira al futuro, y lo afronta con confianza: «No será fácil, pero se conseguirá».
— ¿Cuál es hoy el principal reto para hacer más sostenible la llegada de cruceros?
— Hay que decir que los cruceros en general son buques de reciente construcción, que cada vez contaminan menos y gestionan mejor sus residuos. El producto que venden es, desde el punto de vista ambiental, atractivo para sus usuarios. Dicho esto, el reto ahora mismo es permitir que los cruceros, cuando llegan a puerto, se enchufen a la red eléctrica. La Autoridad Portuaria de Baleares ha sido de las primeras en implantar este sistema para ferris; de hecho ya tenemos algún atraque en el puerto de Palma, y en Ibiza estamos terminando de construir en los pantalanes de Botafoc soluciones para que los ferris se conecten. Pero el crucero es un buque con una demanda energética muy alta. Si un ferry necesita un megavatio de potencia, el crucero necesita diez.
— ¿Y eso qué supone para la red de la isla?
— Es un reto, porque ese término de potencia tan elevado requiere una planificación energética que ya es ajena a la propia Autoridad Portuaria. Para que se conecten dos cruceros simultáneamente en Botafoc harían falta 20 megavatios, y eso es complicado. Por eso, de momento el sistema arranca con los ferris y el crucero queda para una segunda fase. Creo que es un reto que resolveremos en los próximos años. La Autoridad Portuaria lo tiene previsto en sus planes de inversión. No será fácil, pero se conseguirá.
El compromiso de las navieras
— ¿Las compañías están dispuestas a conectarse cuando exista la solución técnica?
— Las compañías de cruceros están comprometidas con esta solución. Cuando haya una solución técnica que les permita conectarse, lo harán. Están comprometidas, y lo han manifestado incluso por escrito.
— ¿Hay alguna alternativa mientras tanto?
— Habrá una situación transitoria, seguramente, que es el empleo de combustible como el GNL, el gas natural licuado, que puede reducir algo las emisiones.
— ¿Empeoran los cruceros la calidad del aire en el puerto?
— Las emisiones que producen los cruceros no hacen que la calidad del aire sea mala, eso lo tenemos muy claro. En el puerto de Ibiza tenemos cinco estaciones de medición que controlan la calidad del aire en tiempo real. De vez en cuando se produce alguna punta de contaminación, que no está fuera de norma, pero sí son picos. Y la mayoría de las veces no vienen de cruceros, sino de otro tipo de buques. Con lo cual, dicho esto, no es un tema preocupante. Pero sí que el reto del futuro será que los cruceros se conecten a la red eléctrica cuando estén en el puerto.












