Las playas de Baleares podrían perder más de la mitad de su anchura en el 60% de los casos antes de que termine el siglo por efecto del cambio climático, según una tesis doctoral defendida en la Universitat de les Illes Balears (UIB). El estudio, firmado por Pau Luque Lozano, cifra en 36,5 kilómetros cuadrados la superficie del litoral balear que quedaría inundada de forma permanente en el escenario más adverso, y estima un impacto económico equivalente al 7,2% del PIB regional de 2019.
Un litoral cada vez más expuesto
La investigación, difundida este martes en una nota de prensa por la Universitat de les Illes Balears, se enmarca en el campo de la oceanografía física y ha sido dirigida por los doctores Alejandro Orfila, del Imedea (CSIC-UIB), y Marta Marcos, del Departamento de Física de la Universitat. El trabajo pone el foco en la escala local y regional, un enfoque poco habitual en los estudios climáticos sobre el Mediterráneo, que suelen operar con proyecciones de gran escala poco útiles para la gestión costera del día a día.
Hasta 103 centímetros más de mar
Las simulaciones numéricas parten de un escenario extremo de subida del nivel del mar de hasta 103 centímetros en 2100. Con esos parámetros, la superficie del archipiélago afectada eventualmente por temporales aumentaría un 41%, según los cálculos recogidos por la universidad. La afectación no se limita al retroceso de la línea de costa: hablamos de zonas que hoy son urbanas, turísticas o agrícolas y que quedarían expuestas a inundaciones recurrentes.
Las calas estrechas, las más vulnerables
La segunda fase del estudio ha permitido desarrollar nuevos modelos para predecir la regresión de la línea de costa que incorporan variables hasta ahora poco integradas: el oleaje, las mareas y la disponibilidad de sedimentos. La conclusión es contundente. Las playas más estrechas, como las típicas del archipiélago balear, retroceden antes porque disponen de menos arena para compensar los cambios. Es decir, las calas pequeñas de Ibiza, Formentera, Mallorca y Menorca —columna vertebral del producto turístico— están entre las más frágiles del Mediterráneo occidental.
Un radar para medir el oleaje
La tercera pata de la tesis introduce una herramienta tecnológica llamada a cambiar el seguimiento del litoral: un radar de ola continua con modulación de frecuencia. Según ha explicado la UIB, el sistema permite medir el oleaje y elaborar mapas de profundidad a hasta 500 metros de distancia sin necesidad de calibración externa. Su ventaja frente a los métodos tradicionales es que abarata y agiliza la monitorización, lo que en la práctica significa poder vigilar más tramos de costa con menos recursos.
Impacto directo sobre la economía turística
El apartado económico es, quizá, el que más interpela al conjunto del archipiélago. La pérdida masiva de arena en las playas balears no es solo un problema paisajístico o ambiental: la tesis lo traduce en una reducción del 7,2% del PIB de 2019, un golpe difícilmente asumible para un territorio cuyo modelo productivo depende del sol y la playa. A ese impacto directo habría que sumar los costes de reposición de arena, protección costera y adaptación de infraestructuras.
Herramientas para anticipar el golpe
Para la UIB, el valor del trabajo está en combinar modelos avanzados, datos reales y tecnología nueva para anticipar los efectos del cambio climático sobre las playas de Baleares. Las herramientas desarrolladas, señala la universidad, pueden ayudar a diseñar políticas de gestión costera «más eficaces y sostenibles» y contribuir a preservar uno de los principales activos naturales y económicos del archipiélago. El calendario que maneja la ciencia aprieta: las decisiones que se tomen esta década marcarán qué litoral quedará en pie a final de siglo.
Sigue leyendo:
-
El primer satélite balear ya está en el espacio: vigilará la posidonia y el cambio climático en Ibiza y Formentera
-
Ibiza en estado puro: seis playas donde el paisaje es el protagonista
-
Del amanecer al atardecer: así se vive el verano más exclusivo de Ibiza
-
Ibiza a toda velocidad: cuatro planes para los amantes de la aventura










