El repunte del gasto turístico en Ibiza tiene una explicación menos amable que la del turista que gasta más porque puede: se debe, sobre todo, a que todo cuesta más caro. Así lo reconoce el director insular de Turismo del Consell de Ibiza, Juan Miguel Costa, que sitúa la subida generalizada de precios como el factor «determinante» del récord y matiza, de paso, la lectura triunfalista de unas cifras que este medio ya había puesto bajo la lupa al analizar el reparto desigual del gasto. El gasto turístico en las Pitiusas superó en junio los 690 millones de euros, un 5,94 % más que un año antes, pese a que la isla recibió menos turistas y encadenó una ligera caída de las pernoctaciones.
«El factor determinante es la subida de tarifas»
Costa identifica dos factores fundamentales detrás del aumento del gasto. El primero, y para él el de más peso, es el encarecimiento transversal del sector: «La subida del gasto viene dada por una subida de precios generalizada, tanto a nivel hotelero como de compañías aéreas y de restauración. Suben los precios porque también los costes son mayores, y eso repercute en una subida de precios». Y no deja lugar a la duda sobre cuál pesa más: «El factor determinante es la subida de tarifas a nivel del sector en general».
Es, en esencia, la confirmación institucional de lo que apuntaban los datos de junio. El gasto medio diario por visitante en las Pitiusas marcó la cifra más alta de Baleares —249,51 euros, un 7,7 % más—, pero creció por debajo del encarecimiento hotelero: el Índice de Precios Hoteleros subió en el conjunto del archipiélago un 9,2 %, la mayor alza de todas las comunidades autónomas y muy por encima del 5,6 % de media nacional. La lectura es aritmética: si el desembolso por día sube menos que las tarifas, el consumo real por turista no avanza, retrocede. El visitante deja más euros porque cada noche —y cada servicio asociado— cuesta más, no porque compre más.
Ese encarecimiento no se reparte por igual entre partidas. En el conjunto de Baleares, el gasto en alojamiento creció en junio un 8,28 % y el de transporte un 5,62 %, mientras que el destinado a restauración apenas subió un 2,21 %. Y en la mirada larga la brecha se ensancha: tomando junio como referencia, desde el año prepandémico 2019 el gasto turístico total en el archipiélago ha crecido un 39 % en términos nominales, pero el transporte lo ha hecho un 63 % y el alojamiento un 47 %, frente a un 34 % de la restauración, la partida más rezagada. El euro turístico lleva años desplazándose desde la mesa hacia el billete de avión y la habitación.
Mercados que «rompen la media»
El segundo factor que señala Costa introduce un matiz relevante sobre quién sostiene ese gasto. El director insular apunta al empuje de mercados con mayor capacidad económica: «La irrupción de mercados como el francófono, el suizo, el belga, el francés o el estadounidense, con mayor poder adquisitivo, hace que cuando llegan a Ibiza gasten más que otros mercados tradicionales». Frente a ellos, sitúa a emisores «como el español, el alemán o el italiano, que están con una crisis mayor y a los que les cuesta más».
Los datos de gasto por nacionalidad —referidos al conjunto de Baleares— dan cuerpo a esa lectura. Mientras el gasto medio por turista se situó en el archipiélago en torno a los 1.207 euros, los visitantes agrupados en la categoría «resto del extranjero» —donde se integran Estados Unidos y otros mercados emergentes— alcanzaron los 1.760 euros por persona, la cifra más alta y con un alza del 16 %; los países nórdicos rozaron los 1.522 euros y el bloque de Bélgica, Luxemburgo y Países Bajos, los 1.435 euros, todos muy por encima de la media.
En el extremo opuesto, el turista nacional gastó apenas 738 euros por persona y el mercado italiano recortó su desembolso. Es decir, la media la empujan hacia arriba los mercados de alto poder adquisitivo que ganan peso, justo como describe el director insular, mientras los emisores tradicionales tiran menos que antes.
«Estamos mal acostumbrados a crecer y crecer»
Con todo, el responsable insular pide prudencia y rebaja la lectura tanto del récord como de las voces que hablan de mala temporada. Su balance provisional es de estabilidad: «Siempre venía creciendo el gasto turístico. Por ahora la temporada parece ir bien, más o menos plana, apenas por encima o por debajo de la del año pasado, que fue una temporada correcta».
Costa reivindica revisar las expectativas del propio sector: «Estamos mal acostumbrados: comparamos con la intención de crecer y crecer y crecer, y esto no siempre va a ser posible, por los simples ciclos económicos». Y emplaza el análisis serio al cierre de la campaña: «Julio y agosto son los meses que más pesan. Esperaremos al final de la temporada, en septiembre u octubre, para hacer un balance más estricto de lo que ha pasado». Una cautela que comparten desde la patronal hotelera: la presidenta de la FEHIF, María Costa, también ha preferido hablar de una temporada en línea con la anterior y de una «reordenación de la demanda y del gasto» antes que de récords o de crisis.
Un récord que no llega a la calle
La distinción entre gasto nominal y consumo real ayuda a entender la paradoja que atraviesa la temporada: cifras agregadas en máximos y, al mismo tiempo, un pequeño comercio que no lo nota. Ya lo retrató en este medio el presidente de la Cámara de Comercio de Ibiza y Formentera, Juan Guasch, que resumió el verano como una paradoja de récords de turistas y calles vacías, con un comercio que afronta el menor gasto fuera de los hoteles y el ocio, la subida de costes y la escasez de personal.
Con estancias medias que se han acortado hasta las 4,94 noches de junio y un presupuesto que se concentra cada vez más en llegar y dormir, el reconocimiento del Consell de que el récord es, ante todo, un fenómeno de precios, pone cifras a una sensación cada vez más extendida entre los empresarios pitiusos: que el turismo puede batir marcas de gasto sin que ese dinero se note por igual en toda la economía.











