La campaña de la Renta 2026 arranca con una realidad que vuelve a poner el foco en la desigualdad fiscal entre territorios. Los contribuyentes pueden llegar a pagar más de 1.000 euros de diferencia en el IRPF en función de la comunidad autónoma en la que residan, una brecha que afecta especialmente a las rentas bajas y medias. En este contexto, Baleares se posiciona en un punto intermedio dentro del mapa fiscal español, mientras que Cataluña aparece como la región más cara y el País Vasco como la más ventajosa en varios tramos de ingresos.
Baleares, en el mapa de las diferencias fiscales del IRPF
El informe presentado por el Registro de Economistas Asesores Fiscales del Consejo General de Economistas (REAF-CGE) pone cifras a estas diferencias. El análisis toma como referencia un contribuyente tipo: soltero, menor de 65 años, sin hijos y con ingresos exclusivamente del trabajo.
En este escenario, Baleares forma parte del grupo de comunidades que han reducido su tipo mínimo del IRPF al 9%, situándose por debajo del tipo estatal del 9,5%. Este ajuste tiene un impacto directo en las rentas más bajas, que ven reducida su carga fiscal en comparación con otras autonomías.
Sin embargo, la posición de Baleares no la sitúa entre las comunidades más baratas, ya que existen territorios con tipos aún más bajos, como La Rioja y Extremadura, que aplican un 8% en el tramo autonómico.
Más de 1.000 euros de diferencia según dónde vivas
Las diferencias en el IRPF se hacen especialmente visibles en las rentas medias. Para ingresos de entre 20.000 y 45.000 euros anuales, la brecha puede superar los 1.000 euros, dependiendo de la comunidad.
En el caso de un salario de 20.000 euros, la media de tributación en España es de 1.772 euros, aunque existen excepciones claras. En Navarra se pagan 1.200 euros, mientras que en el País Vasco no se abona IRPF en este tramo, lo que marca una diferencia significativa frente al resto de territorios.
Cuando los ingresos ascienden a 30.000 euros anuales, la distancia entre comunidades sigue siendo notable. Cataluña se sitúa como la más cara, con 4.958 euros, frente a los 4.495 euros del País Vasco, lo que supone una diferencia de 463 euros.
La brecha crece con los ingresos
A medida que aumentan los salarios, también lo hace la distancia entre comunidades. Para una renta de 45.000 euros, la diferencia alcanza los 1.063 euros.
En este tramo, Cataluña vuelve a liderar la carga fiscal con 9.689 euros, mientras que el País Vasco se mantiene como la opción más favorable con 8.626 euros.
Este comportamiento refleja cómo las decisiones autonómicas sobre el IRPF impactan de forma directa en el bolsillo de los contribuyentes, incluso dentro de niveles salariales similares.
Salarios altos: nuevas diferencias y otros protagonistas
En los niveles salariales más elevados, el mapa fiscal cambia parcialmente. Para ingresos de 70.000 euros, Extremadura se convierte en la comunidad más cara, con 19.365 euros, mientras que el País Vasco vuelve a situarse como la más barata con 17.446 euros. Esto supone una diferencia cercana a los 2.000 euros, ampliando aún más la brecha entre territorios.
En el caso de las rentas más altas, entre 110.000 y 600.000 euros anuales, el protagonismo cambia. Madrid se posiciona como la comunidad más barata, mientras que la Comunidad Valenciana aparece como la más cara. El ejemplo más claro se da en los ingresos de 600.000 euros, donde un contribuyente paga 251.049 euros en Madrid frente a 297.152 euros en la Comunidad Valenciana, una diferencia de hasta 46.100 euros.
Por qué Baleares no paga lo mismo que otras comunidades
El origen de estas diferencias radica en el propio diseño del sistema fiscal español. Las comunidades autónomas tienen cedido el 50% del IRPF, lo que les permite introducir modificaciones en los tramos, tipos impositivos y deducciones.
Esto implica que cada territorio puede ajustar tanto el tipo mínimo como el máximo, así como los mínimos personales y familiares, es decir, la parte del salario que queda exenta de tributación.

En este contexto, Baleares ha optado por situar su tipo mínimo en el 9%, alineándose con otras comunidades como Asturias, Canarias o Castilla y León.
Tipos mínimos y máximos: claves del sistema
El tipo mínimo estatal del IRPF se sitúa en el 9,5%, pero no todas las comunidades lo mantienen. Cinco comunidades (Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Cataluña y Murcia) conservan ese umbral, mientras que otras lo reducen. Baleares forma parte de este segundo grupo, lo que beneficia a las rentas más bajas.
Por debajo se sitúan Cantabria y Madrid (8,5%), y en el nivel más bajo La Rioja y Extremadura (8%), donde los contribuyentes con menores ingresos soportan una menor carga fiscal. En el extremo opuesto, el País Vasco presenta el tipo mínimo más alto, con un 23%, seguido de comunidades como Andalucía o Cataluña con un tipo conjunto del 19%.
En cuanto al tipo máximo, el estatal es del 24,5%, pero combinado con el autonómico puede alcanzar el 54% en la Comunidad Valenciana, frente al 45% en Madrid, que vuelve a destacar como la opción más favorable para las rentas altas.
Las deducciones también marcan la diferencia
Otro elemento clave en la tributación es el de los mínimos personales y familiares, que determinan la parte del salario exenta de impuestos. A nivel estatal, un contribuyente que vive solo tiene una exención de 5.550 euros, que aumenta en función de la situación familiar, como hijos o mayores a cargo.
Sin embargo, varias comunidades han elevado estos mínimos, entre ellas Baleares, junto a Andalucía, Asturias, Canarias, Galicia, Madrid, La Rioja, Comunidad Valenciana, País Vasco y Navarra. Esto introduce un nuevo factor de diferencia entre territorios, que se suma a los tipos impositivos.
Baleares, en un escenario fiscal desigual
En conjunto, Baleares se sitúa en una posición intermedia dentro del sistema fiscal autonómico, con medidas que alivian la carga en determinados tramos, pero sin alcanzar los niveles más bajos del país.
La campaña de la Renta vuelve así a evidenciar una realidad estructural: el lugar de residencia condiciona de forma directa cuánto paga cada contribuyente en el IRPF.
Una situación que, según los expertos, seguirá generando debate en los próximos años, en un sistema donde las comunidades mantienen un amplio margen de decisión sobre la presión fiscal que aplican a sus ciudadanos.








