Informe Fènix: ¿se cumple en Ibiza el «apocalipsis» del crecimiento turístico?
Estudio sitúa Baleares entre economías donde fuerte aumento de población apenas se ha traducido en más PIB por habitante, pero datos recientes de Pitiusas introducen importantes matices
La presentación este miércoles del Informe Fènix en la sede de la UIB en Ibiza ha trasladado a las Pitiusas una pregunta incómoda: ¿Ibiza se está enriqueciendo realmente con su crecimiento económico o simplemente necesita cada vez más población para producir más? Miquel Puig, integrante del equipo redactor, y Guillem López Casasnovas, miembro del equipo asesor, han llevado a la isla un diagnóstico nacido para analizar principalmente Cataluña pero que señala expresamente a Baleares como uno de los ejemplos más extremos del fenómeno.
La tesis del Informe Fènix es sencilla de formular: que crezca el PIB no significa necesariamente que se enriquezcan sus habitantes. Si la economía aumenta prácticamente al mismo ritmo que la población, el resultado es que el PIB por habitante apenas avanza. Y eso es precisamente lo que sus autores consideran que ha sucedido en Baleares durante el primer cuarto de este siglo: desde 2000, el PIB ha aumentado alrededor de un 60% y la población cerca de un 50%, mientras que el crecimiento del PIB per cápita se queda en el entorno del 6%.
Para los responsables del informe, por tanto, el problema no es que Baleares produzca poco, sino la forma en que consigue producir cada vez más. Su explicación relaciona la expansión de actividades intensivas en puestos de trabajo con salarios relativamente bajos, la incorporación constante de nueva mano de obra y el aumento demográfico. El PIB global crece, pero al repartirse entre una población que también aumenta con enorme rapidez, la mejora por residente es mucho menor. El propio documento considera que Baleares presenta un comportamiento aún más acusado que Cataluña en este aspecto.
No es contra turismo, según sus autores
El diagnóstico no equivale, al menos según quienes lo firman, a una propuesta de abandonar el turismo. López Casasnovas trató de anticiparse en mayo a esa lectura: “No es un informe antiturismo”, escribió, sino una crítica a determinadas actividades y a una oferta basada en una productividad insuficiente para pagar mejores salarios. En aquel mismo artículo ya había llevado expresamente la discusión a Ibiza y cuestionado que se celebrasen el volumen y las tasas de crecimiento de la economía pitiusa mientras se desatendían los costes de esa forma de crecer sobre el patrimonio.
Miquel Puig fue todavía más explícito al aplicar el análisis a Baleares en julio. Aseguró que el núcleo del problema era el mismo que en Cataluña, aunque “más grave en Baleares”, debido al mayor crecimiento poblacional. Pero introdujo al mismo tiempo un matiz significativo para Ibiza: sostuvo que el turismo balear de sol y playa ya es más productivo que el catalán y añadió que esa evolución se observa “sobre todo en Ibiza”.
El economista no plantea sustituir el principal motor económico de las Islas: defiende que Baleares dispone de unas posibilidades turísticas extraordinarias y que debería aprovecharlas con actividades capaces de pagar mejores salarios, aportar más fiscalmente y generar más riqueza sin necesitar aumentar continuamente el número de trabajadores y visitantes.
¿Y qué dicen los datos de Ibiza?
Aquí aparece el principal límite para aplicar directamente el Informe Fènix a Ibiza: sus 127 páginas no analizan la economía ibicenca. No aparecen Ibiza, Formentera ni el aeropuerto insular. Baleares sí está presente de manera recurrente como término de comparación con Cataluña, pero trasladar las conclusiones autonómicas a las Pitiusas exige acudir a otros datos.
Y la fotografía más reciente de las Pitiusas no reproduce de forma tan nítida el escenario descrito por el Fènix para los últimos 25 años. El Consell Econòmic i Social de Baleares calcula que Ibiza y Formentera aumentaron su VAB a precios constantes un 14,8% entre 2019 y 2024, el mayor crecimiento acumulado del archipiélago, por delante de Mallorca, con un 9,6%, y Menorca, con un 9%. En 2024, ambas islas generaron conjuntamente 5.603,5 millones de euros de VAB a precios corrientes.
La población también creció, pero bastante menos en ese mismo periodo. Ibiza pasó de 147.914 habitantes en 2019 a 161.485 en 2024, mientras Formentera pasó de 12.111 a 11.483. En conjunto, las Pitiusas pasaron de unos 160.000 a casi 173.000 residentes, un incremento aproximado del 8,1%.
Si se ponen ambas magnitudes en relación, como aproximación, el resultado sería un aumento del VAB real por residente de alrededor del 6% entre 2019 y 2024. Por tanto, los datos del último quinquenio no permiten afirmar sin más que todo el crecimiento económico pitiuso haya sido absorbido por el aumento poblacional. Pero tampoco invalidan la tesis de Fènix: el periodo es mucho más corto que los 25 años analizados por el estudio, incluye el desplome y posterior recuperación de la pandemia y, además, VAB por habitante no equivale automáticamente a renta disponible, salarios ni capacidad adquisitiva.
La presión demográfica de fondo, en cualquier caso, es indiscutiblemente intensa. Ibiza alcanzó en 2024 los 161.485 habitantes y había aumentado ya un 15,1% en apenas una década. El presidente del Consell, Vicent Marí, ha situado precisamente el crecimiento poblacional entre los principales desafíos de la isla y ha recordado que la población prácticamente se ha duplicado en algo más de 30 años, vinculando esa expansión con vivienda, agua, energía, movilidad y servicios públicos.
El verdadero examen para la tesis del Informe Fènix en Ibiza, por tanto, no está en determinar si la isla crece: lo hace. Está en saber qué recibe cada residente de ese crecimiento. Los datos recientes muestran que la economía pitiusa ha crecido más deprisa que su población desde 2019, pero la mirada de 25 años propuesta por los economistas obliga a ampliar el análisis a productividad, salarios reales, renta disponible y, especialmente en Ibiza, al peso que la vivienda tiene sobre la capacidad adquisitiva. Solo entonces podrá determinarse hasta qué punto el crecimiento que ha transformado la isla también ha enriquecido a quienes viven en ella.











