El vicepresidente de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Baleares (CAEB), José Antonio Roselló Rausell, ha advertido de que la controversia sobre la reforma del aeropuerto de Ibiza puede terminar perjudicando las inversiones previstas para modernizar sus instalaciones.
Según ha manifestado el representante empresarial a La Voz de Ibiza, considera que el debate sobre el crecimiento turístico ha situado equivocadamente al gestor aeroportuario en el centro de las críticas, cuando, a su juicio, las actuaciones anunciadas responden fundamentalmente a necesidades de eficiencia y modernización.
«Aena no es la diana, ni el aeropuerto es la diana», afirma Roselló, que distingue entre la mejora de las infraestructuras y las decisiones que determinan el volumen de turistas que recibe la isla. La preocupación es que este rechazo acabe bloqueando unas obras que considera razonables.
Una polémica en aumento
La polémica se ha intensificado después de la aprobación del Documento de Regulación Aeroportuaria para el periodo 2027-2031, conocido como DORA III, que contempla 229,7 millones de euros de inversión para el aeropuerto de Ibiza, dentro de un programa de más de 1.000 millones para las instalaciones aeroportuarias de Baleares.
La planificación ha generado críticas políticas y sociales por el temor a que una terminal de mayor tamaño facilite un incremento de la presión turística. En ese contexto, en Ibiza miles de personas se manifestaron contra la ampliación del aeropuerto y reclamaron que las instituciones y la ciudadanía de la isla tengan mayor participación en las decisiones sobre la infraestructura.
Sin embargo, Roselló considera que la discusión está desviando la atención del verdadero ámbito de decisión sobre el modelo turístico. «Se está canalizando mal el foco», sostiene.
El vicepresidente de CAEB insiste en que las obras previstas van dirigidas, según su interpretación de la información disponible, a mejorar el funcionamiento de la infraestructura.
«Las obras del aeropuerto, que a mí me preocupa que por esta situación se puedan perder, son obras que van muy en la línea de mejorar la eficiencia y la modernización», sostuvo Roselló.
En tal sentido, remarcó que no debe confundirse la previsión de pasajeros recogida en la planificación aeroportuaria con una decisión política de aumentar el turismo. El representante empresarial recuerda que los documentos de regulación incluyen estimaciones de tráfico que pueden no cumplirse.
«En el documento DORA, el tema del aumento de pasajeros aparece perdido por ahí en un anexo y además absolutamente teórico», señala. En su opinión, se trata de cálculos que no convierten al gestor aeroportuario en responsable de la política turística de las islas. «Ellos no hacen la política económica ni son quien para ser la clave de que entren o no pasajeros», añade, en referencia a Aena.
La diferencia entre capacidad física y operativa
La diferencia entre la capacidad física de la terminal y la capacidad operativa del aeropuerto constituye uno de los principales puntos de la controversia. La documentación técnica conocida contempla pasar de 17 a 32 puertas de embarque, incorporar nuevos mostradores de facturación y reorganizar espacios, mientras que Aena sostiene que las actuaciones no aumentarán el número de despegues y aterrizajes por hora porque no se incrementará la capacidad del campo de vuelos.
Como ha explicado La Voz de Ibiza al analizar las características de la reforma y las previsiones que han acompañado al debate, una ampliación de las instalaciones destinadas a atender pasajeros no equivale necesariamente a duplicar los vuelos o el número de turistas.
«Hay una sospecha equivocada de que esto supondrá más aumento de pasajeros por las obras. Yo creo que no», afirma Roselló. Por ello, reclama abordar el asunto con mayor información y separar la discusión sobre las infraestructuras de la política económica y turística. «Hay que informarse y hay que intentar acercarse al problema de una manera racional», señala.
El vicepresidente de CAEB aclara que su postura no supone una defensa incondicional de la compañía. «Que conste que yo no defiendo, yo no soy el portavoz de Aena», puntualiza, antes de reiterar su temor a que la controversia tenga consecuencias sobre las actuaciones previstas. «Me preocupa que se pueda aquí mantener unas tesis que además acaben perjudicando la inversión. Es una inversión, hasta donde conocemos, muy razonable en términos de eficiencia», sostiene.
Mala comunicación
Roselló también responsabiliza a Aena de no haber explicado suficientemente el alcance de sus proyectos. Considera que una comunicación más clara habría permitido despejar parte de las dudas y evitar interpretaciones que, a su juicio, no se corresponden con los objetivos de las obras. «El problema que tiene Aena es que no comunica, pero si comunicase mejor se habrían aclarado muchas cosas», asegura.
En cualquier caso, insiste en que el aeropuerto no puede convertirse en el principal instrumento de una política de contención turística. «Aena no tiene que ser la piedra filosofal de la política económica de contención», concluye.











