TURISMO

Formentera llena hoteles pero inquieta al comercio: temporada irregular y un gasto que no llega a todos

La isla alcanzó un 86,28% de ocupación hotelera en julio, por encima de 2025, pero restaurantes, comercios y negocios de playa consultados por La Voz de Ibiza describen un verano "flojo". Advierten de menos movimiento, clientes más sensibles a los precios y un modelo turístico cada vez más orientado hacia visitantes de alto poder adquisitivo.
Hamacas y sombrillas en playa de Formentera

Formentera atraviesa una temporada turística marcada por una aparente paradoja: los hoteles mantienen cifras elevadas de ocupación mientras una parte de los restaurantes, comercios y establecimientos de playa describe un verano irregular y con menos movimiento del esperado. Empresarios consultados por La Voz de Ibiza coinciden, con distintos matices, en que la presencia de turistas ya no se traduce necesariamente en el mismo nivel de consumo en los negocios tradicionales de la isla.

Los números hoteleros muestran que la isla estuvo lejos de vivir un julio flojo en términos de alojamiento. Según los datos de la Federación Empresarial Hotelera de Ibiza y Formentera (FEHIF), Formentera alcanzó un 86,28% de ocupación en julio, 0,22 puntos más que en el mismo mes de 2025. En el conjunto de Ibiza y Formentera, la ocupación llegó al 89,59% y ascendió hasta el 91,59% durante la segunda quincena.

La percepción a pie de negocio, sin embargo, es bastante más desigual. En el histórico Chiringuito Bartolo, situado en Es Copinar, en la playa de Migjorn, aseguran que julio y lo transcurrido de agosto están siendo «más flojos que el año pasado». Desde el establecimiento apuntan además a una tendencia que, según su experiencia, no comenzó este verano: «Ya van tres años que va bajando el movimiento. Este año sigue bajando».

El establecimiento es uno de los clásicos de la isla y mantiene una actividad vinculada directamente al tránsito de visitantes por la playa desde 1976. Su balance resulta especialmente significativo porque no habla de ausencia de turistas, sino de una disminución progresiva del movimiento que percibe a su alrededor.

Una impresión similar transmite el propietario de un restaurante que pidió mantener su identidad en reserva. Resume mayo como «muy flojo», junio y julio como «regulares» y agosto dividido entre momentos de mucha actividad y otros considerablemente más débiles. A ello añade unos costes fijos elevados y el encarecimiento de materiales y trabajos de construcción, carpintería o aluminio, que dificultan realizar mejoras en el establecimiento.

Entre sus principales preocupaciones señala también la falta de vivienda para trabajadores y residentes, la escasez de vivienda protegida y la necesidad de generar más actividad fuera de los meses centrales del verano. Su objetivo, resume, pasa por alargar la temporada y contener unos costes que considera cada vez más difíciles de absorber.

Otro restaurador consultado por este periódico ofrece incluso una evolución inversa a la que cabría esperar del calendario turístico. Asegura que mayo y junio funcionaron estadísticamente mejor en su negocio que la segunda mitad de julio y parte de agosto.

En su caso, una clientela muy fiel le ha permitido mantener la actividad, pero asegura que los visitantes recurrentes llegan este verano especialmente preocupados por el coste de sus vacaciones. «Se quejan un montón de los precios de los hoteles, villas y apartamentos que hay en alquiler y también del precio de los billetes de barco», explica.

El empresario relata que algunos de sus clientes tradicionales, que antes repartían sus comidas y cenas entre distintos establecimientos, han terminado acudiendo más veces al suyo por considerar que conserva una relación entre precio y calidad asumible. La queja de esos visitantes, afirma, es que cada vez encuentran menos alternativas intermedias y más oferta dirigida al segmento de lujo.

Su diagnóstico es que Formentera está modificando el perfil turístico que durante años sostuvo buena parte de la restauración y del pequeño comercio: familias y visitantes de clase media que repetían cada temporada, permanecían varios días y distribuían el gasto entre distintos negocios.

«La están transformando en una isla para ricos»

La percepción encuentra un contexto más amplio en los últimos datos turísticos de Baleares. El gasto de los visitantes está creciendo, pero no todas las partidas lo hacen al mismo ritmo.

La mirada de los empresarios de Formentera ofrece una fotografía similar a la que se pinta en Ibiza: el turista puede gastar más dinero en términos nominales y, al mismo tiempo, dejar una proporción menor de su presupuesto en determinados restaurantes o pequeños comercios.

Piero Ameli conoce bien esa transformación. Tras ocho años vinculado a Ses Roques, actualmente está al frente de Banana Roques, en Es Pujols. Su lectura de la temporada no se limita a este verano, sino que apunta a un cambio progresivo en el modelo turístico de Formentera.

«Formentera tenía un espíritu suyo», explica a La Voz de Ibiza. A su juicio, la isla construyó durante décadas su atractivo alrededor de la naturaleza, la libertad, los establecimientos informales y una clientela que regresaba año tras año. «La están transformando en una isla para ricos», sostiene.

Ameli no cuestiona la llegada de turistas con mayor capacidad económica, sino la pérdida paralela de propuestas dirigidas al visitante que históricamente frecuentaba la isla. Considera que el incremento de los precios y la transformación de determinados establecimientos han alterado el equilibrio. Utiliza Es Pujols como ejemplo. Recuerda temporadas de hace dos décadas en las que por la noche «no se podía caminar» por la cantidad de gente y contrasta aquellas imágenes con las actuales. «Ahora pasean cuatro o cinco familias de turistas para comerse un helado», afirma.

«Es Pujols era un pueblo muerto desde finales de septiembre; ahora es un pueblo muerto también en verano», resume de manera gráfica. Se trata de su percepción como empresario, pero coincide con lo trasladado por otros negocios consultados: la isla puede mantener una elevada ocupación hotelera mientras determinadas zonas comerciales registran mucho menos tránsito.

Ameli destaca también la desaparición progresiva de una clientela ligada a los trabajadores de temporada, artistas y residentes temporales. Según recuerda, octubre podía llegar a ser para algunos de sus negocios mejor que julio porque numerosos trabajadores permanecían varias semanas en la isla después de terminar la temporada.

«Antes acababan de trabajar y se quedaban un mes. Ahora, después de dos o tres días, hacen la maleta y se van», explica. Atribuye ese cambio principalmente al elevado coste de permanecer en Formentera una vez finalizado el contrato laboral.

Una comerciante de Sant Francesc ofrece una lectura menos negativa de este verano concreto: describe la temporada como similar a la anterior. Sin embargo, admite que desde hace años la zona tiene menos movimiento que en otras épocas y considera que actualmente existe una oferta comercial demasiado amplia para el número de personas que transitan y compran en el núcleo.

Menos hamacas en plena temporada

A las dificultades señaladas por los negocios se ha añadido este verano el conflicto administrativo por las hamacas y sombrillas de las playas de Formentera, que dejó numerosos lotes sin poder funcionar con normalidad durante buena parte de la temporada.

Las discrepancias entre el Consell y el Govern en torno a las autorizaciones provocaron una reducción de servicios de temporada en distintas playas, un asunto que ha marcado buena parte del verano y que terminó provocando cambios en la Dirección General de Costas.

Uno de los restauradores consultados señala precisamente la escasez de servicios en algunas playas como otro elemento que perjudica la experiencia del visitante. Menciona menos hamacas, falta de papeleras en determinados puntos y ausencia de duchas, además de jornadas de calor especialmente intenso que, según su percepción, reducen el movimiento de familias con niños y personas mayores durante buena parte del día.

La evolución de los residuos podría aportar otro indicio sobre el nivel de actividad de la isla. Según ha podido saber La Voz de Ibiza de fuentes conocedoras del servicio, la recogida de basura estaría registrando esta temporada un volumen inferior al del año pasado.

La Voz de Ibiza solicitó al Consell de Formentera los datos comparativos de esta temporada y la anterior. La empresa PreZero, responsable del servicio, remitió la consulta a la institución insular, que al cierre de esta información todavía no había facilitado las cifras solicitadas.

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