Que en el último verano se haya contenido la cantidad de turistas en Ibiza le parece, a José Luis Benítez, una buena noticia. El gerente de la Asociación Ocio de Ibiza hace balance de la temporada a pocos días de los tradicionales cierres de octubre y no lo disimula: «La temporada es positiva». Han bajado los clientes, pero el gasto se sostiene, y eso —insiste— es exactamente lo que la isla llevaba años necesitando. Lo de crecer a dos dígitos y montar una fiesta cada vez que salían los datos se acabó. «Eso no podía ser».
Benítez (Ibiza, 1969) se subió al ocio con 17 años y hoy es la cara más visible de la patronal que agrupa a los grandes locales de la isla, además de director de Relaciones Institucionales del Grupo Palladium, del Grupo de Empresas Matutes, propietario del mejor club del mundo, [UNVRS], y de los que le siguen en el ránking Hï Ibiza y Usuhaïa Ibiza, entre otros cargos, como vicepresidente del Fomento del Turismo y también de la Cámara de Comercio. Además, es presidente de International Nightlife y miembro de Spain Nightlife.
Atiende a La Voz de Ibiza con la temporada en sus últimas semanas y asombrado de que ya se perciba un clima de precampaña, pese a que restan más de siete meses para las elecciones que se celebran en mayo.
Y es esa precampaña la que le saca de quicio. Benítez desarma a placer los relatos que, a su juicio, dominan el debate: el del turismo que debe decrecer, el del visitante que aterriza solo unas horas —«la gran mentira»— y el del aeropuerto que traerá más gente. Todo, desde una premisa que no piensa suavizar: «Por desgracia, y lo digo con conocimiento de causa, Ibiza solo vive del turismo».
—La temporada encara sus últimas semanas. ¿Qué balance hace?
—Ha sido una temporada que empezó un poco extraña. Mayo y junio fueron buenos; julio y agosto, un poco más flojos. La limitación del alquiler turístico ilegal por parte del Consell creo que ha sido un verdadero éxito. Nosotros la apoyamos sabiendo que quizá esa medida no nos beneficiaba, pero vamos en la misma línea que las administraciones: Ibiza tenía que echar ese freno. A día de hoy, por lo último que he hablado con los asociados, la temporada está siendo bastante buena.
—Quizás todo sea cuestión de expectativas…
—Hace tiempo que decimos que subir dos dígitos ya no es posible. Quedarte más o menos como el año pasado, uno o dos puntos arriba o incluso uno o dos abajo, ya es una temporada positiva. Este era un año, como ya dije en Fitur, para contener gastos, mirar hacia delante y trabajar. El ocio en la isla está muy consolidado: la gente sabe que Ibiza es mucho más que ocio y que tiene el mejor ocio del mundo, y eso lo valora al viajar. Nos quedan las dos semanas de los cierres y, si el tiempo respeta, la temporada acabará siendo exitosa.
—Mencionaba la limitación de alquiler turístico ilegal. ¿Cómo ha impactado?
—El volumen de clientes ha bajado un poco; creo que todos hemos visto algo menos de gente en la isla este año, pero es lo que buscaban las administraciones y todos los agentes sociales. Habíamos llegado a un punto de exceso que había que controlar. Quizá llegamos tarde, pero ahora mismo está consolidado, contando con que septiembre ha sido un mes muy bueno. No es un mes de familias —tanto que se las quiere atraer— y, sin embargo, está siendo excelente: un cliente de más edad, de más calidad, que viene a disfrutar de nuestras playas, de la gastronomía, de la planta hotelera y del ocio.
—¿Considera que la temporada se ha alargado?
—En efecto, ha sido así. Y es lo que queríamos todos, también por el bien de los trabajadores. Ahora algunos dicen que es excesivamente larga; supongo que quien dice eso ya tiene el bolsillo lleno y no necesita un contrato de seis meses, que es lo que necesitamos casi todos.
«La isla es para los residentes»
—¿Se ha llegado al punto de equilibrio que la isla necesitaba?
—Sí. El problema es lo mal acostumbrados que estábamos: parecía que, si no crecíamos dos dígitos, la cosa no iba bien. Hacíamos una fiesta cada vez que salían esos datos, y eso no podía ser. Esta isla es para los residentes primero, y también para que los turistas la disfruten; pero, si seguíamos en esos niveles, no la disfrutaba ni el residente ni el turista. Tal y como estamos ahora, si se contienen bien los gastos, los números salen.
—Llegado a este equilibrio, ¿le llama la atención que se pida desde ciertos sectores que el turismo decrezca?
—Por desgracia, y lo digo con conocimiento de causa, Ibiza solo vive del turismo. Lo que tenemos que hacer es cuidar al turismo y, a la vez, hacerle ver al turista que aquí vivimos residentes y que también hay que cuidarnos.
—¿Tocaron techo también los precios?
—Sí, ya no es cuestión de subir. El problema que tiene Ibiza, a mi modo de ver, es que en algunos casos el precio es muy elevado para la calidad que se da, tanto en servicio como en producto. Dicho esto, los precios altos marcan una línea, hacen de control. Lo he repetido muchas veces: Ibiza tiene 100.000 plazas turísticas legales, y ese es el tope. El problema es que hemos llegado a momentos de 200.000 y pico mil plazas. Venir a Ibiza es un producto especial y, si quieres venir, lo tienes que pagar. Yo no quiero que Ibiza sea un destino barato, porque, si lo es, al final lo único que conseguimos es que venga más gente.
—¿Algún mercado emisor ha fallado más esta temporada?
—La crisis es mundial. Nos miramos el ombligo y pensamos que todos los problemas son nuestros, pero los alemanes tienen problemas, los italianos también, y los ingleses. Aun así, el inglés sigue siendo el cliente más fiel de Ibiza. Y lo mismo el español: a nadie se le escapa que la cesta de la compra se nos ha ido de las manos, pero sigue siendo uno de los clientes más potentes. Si acaso, te diría que el alemán y el italiano son los que nos han fallado un poquito más.
Las críticas al turismo
—Otra crítica que hace al turismo, específicamente al de fiesta, que es hay turistas que vienen a Ibiza por solo unas horas. ¿Lo detectan?
—Esto ha pasado toda la vida, pero son una proporción minúscula. Además, están en su derecho. Ahora bien, se dice que vienen solo a gastar en las discotecas. ¿Y no comen en ningún sitio? ¿Las discotecas no pagan a sus industriales —carpinteros, electricistas, fontaneros— ni a su personal? ¿Qué se pretende: hacer una ley de que si no vienes al menos 10 días no puedes entrar a Ibiza? Lo que más pena me da es que ya estamos en precampaña y se están tirando los trastos.
—¿Es por eso que aflora un discurso antiturístico?
—Sí, y es vergonzoso que parezca que se estén peleando por ser los más antiturísticos. ¿Qué queremos, una isla de pandereta? Frente a las treinta y tantas horas de unas chicas que vinieron un fin de semana, están los treinta mil que pasaron por el ocio en una sola noche. Hay mucha desinformación: la gente piensa que, si baja el turismo, vamos a seguir necesitando los mismos policías, médicos, ingenieros… Pues no: habrá que reducir de todo. A lo mejor es eso lo que buscan algunos, que Ibiza vuelva a hace cincuenta o sesenta años, cuando se malvivía.
—Se pide que el turismo decrezca, pero ¿ha escuchado alguna alternativa viable?
—Eso ya lo trajo hace unos años una extrema izquierda que decía que había que decrecer. Lo primero que pregunté fue: ¿y de qué vamos a vivir? La respuesta era «no lo sé, pero hay que decrecer». ¿Nos ponemos a hacer leche de cabra, la exportamos al mundo y dejamos de vivir del turismo? No tenemos los pies en el suelo. La gente no sabe muy bien lo que quiere. Hemos pasado por etapas de mucho todo incluido y turismo familiar, y la gente se quejaba de que ese turismo no daba rentabilidad a otros negocios. Luego pasamos a hoteles de más categoría, y ahora queremos volver a que venga cualquiera, como sea. ¿Y cómo lo solucionamos? ¿Manifestándonos?
—A propósito, iba a preguntarle por la posición que tiene la Asociación sobre las reformas previstas en el aeropuerto…
—Estoy a favor de que el aeropuerto se modernice, empezando por seguridad. ¿Van a ampliar la pista? No; por lo tanto, no van a venir más vuelos. ¿Que haya más puertas de embarque para que sea más cómodo? Eso es bueno. No hay más capacidad. El aeropuerto se tiene que modernizar.
—La Asociación Noches de Ibiza (AEON) acaba de denunciar que los grandes locales restan clientes a los pequeños negocios del puerto y de la bahía de San Antonio. ¿Qué le parece?
—No lo he visto, pero AEON representa al West End, una zona que nos da una muy mala imagen. Y esos señores pretenden dar lecciones de cómo se hacen las cosas en Ibiza. Están obsoletos. Nadie quiere el West, absolutamente nadie; ni siquiera se han puesto de acuerdo para cambiarle el nombre a un barrio que es, en realidad, una calle: la calle a la que vas si quieres algo malo. Nosotros, en Ocio de Ibiza, hicimos hace unos años un estudio —no solo de nuestros socios, sino de todo el ocio— y salió que el 35% del PIB de la isla venía del ocio. El del West será el 0,03%. Pueden hacer todos los estudios que quieran y pagar lo que quieran, que no van a cambiar. En San Antonio hay cosas preciosas: la puesta de sol, la bahía, una restauración maravillosa, una buena planta hotelera. Pero tiene una mala calle, y es esa mala calle la que nos quiere dar lecciones. Por ahí no vamos a entrar.











