15 de mayo y contando. A dos semanas del inicio formal de la temporada alta, las playas de Formentera son un caos: sin hamacas ni sombrillas de momento y el riesgo latente de quedarse también sin chiringuitos por la insumisión de no retiró sus estructuras durante dos inviernos seguidos (salvo el quiosco Bartolo que este año sí desmontó).
Tras la decisión de la Dirección General de Costas de recortar un tercio los lotes de hamacas y sombrillas, los concesionarios que no han sido afectados por la reducción del Govern tampoco pueden montar todavía.
Se trata de los 20 lotes que han quedado en pie del megaconcurso bajo sospecha, del total de 36 iniciales. Mientras el Consell Insular de Formentera recurre la decisión de la Conselleria, los concesionarios habilitados aguardan la luz verde para poder comenzar a trabajar. Sin fecha en el horizonte, esta autorización no parece ser inmediata.
«¿Cuándo puede ser esto? ¿Una semana? ¿Dos? No parece rápido al menos», señala uno de los empresarios.
El laberinto antes de montar
Juan Escandell, adjudicatario de un lote en es Arenals, ha explicado a La Voz de Ibiza por qué nadie puede arrancar todavía. Según explicaron desde el Consell durante la reunión del pasado martes, ese día se estaban realizando los replanteos entre la Conselleria del Mar y los técnicos de Medio Ambiente del consistorio: «Hicieron los replanteos de todas las que de momento han salido autorizadas».
Pero eso es solo el primer paso de una cadena que todavía tiene varios eslabones por resolver.
Una vez hechos los replanteos, los técnicos de Costas deben comunicar al Consell el canon exacto que corresponde pagar por los lotes autorizados. Con ese precio fijado, el Consell puede emitir la carta de pago a cada concesionario, que incluye el canon ofertado en el concurso y el canon de Costas.
Solo cuando el concesionario haya abonado esa carta, el Consell puede hacer un nuevo replanteo conjunto con el adjudicatario. Y solo entonces se puede montar.
La imagen que da la isla
Escandell no oculta su preocupación por lo que esto supone para Formentera de cara a los visitantes: «Estamos a mitad de mayo y no hay un servicio de hamacas ni parasoles en la playa. No acaba de ser la imagen que muchos turistas que nos visitan esperan de esta isla«.
Y añade: «Si existían estas hamacas y existían estos parasoles es porque tienen una demanda, y esta demanda principalmente es de los turistas que nos visitan. Al final los turistas se están encontrando ahora sin esto y la imagen que estamos dando creo que es un poco nefasta».
Con todo, el concesionario confía en que el Consell actuará con rapidez: «Al final aquí quien se está haciendo la foto de cara a los turistas y a los no servicios de playa es el Consell Insular de Formentera. Yo entiendo que por su parte ya correrán como mínimo a mover rápidamente toda esta gente, como yo, que no hemos tenido problemas».
Los costes de estar parado
Lo que describe Escandell en términos económicos es un goteo de pérdidas que se acumula cada día. Por contrato y por las condiciones del concurso, los adjudicatarios estaban obligados a estar operativos el 1 de mayo.
Para esa fecha, Escandell ya tenía a sus trabajadores contratados, dados de alta en la Seguridad Social y con una casa alquilada pagada por adelantado para toda la temporada.
«Nuestro personal vino a finales de abril, nosotros ya les tenemos una casa alquilada, que pagamos por adelantado para toda la temporada estival y damos de alta a nuestros empleados. ¿Por qué damos de alta a nuestros empleados aunque no tengamos la concesión? Porque al final yo tengo un compromiso con una persona y tengo que hacerle un llamamiento», explica.
El resultado es que dos trabajadores llevan cobrando sueldo desde el 1 de mayo sin poder trabajar. La limpieza de la zona concesional, que el pliego obliga a hacer antes de arrancar, ya está hecha. La playa está preparada. Pero nadie puede instalar nada.
«En vez de darle las vacaciones al final, pues las das ahora al principio. ¿Por qué? Porque no puedes tener ese trabajador en el limbo, sin saber cuándo empezará», explica Escandell.
Y añade un dato que resume la dificultad del sector: «Son trabajadores que vienen de fuera principalmente y se te pueden ir a otro sector, a la hostelería, a la restauración, donde sea. Y con la dificultad que hay para conseguir trabajadores, no pueden correr ese riesgo».
El lucro cesante, pendiente de calcular
Más allá de los costes fijos, Escandell apunta a un perjuicio económico mayor: los ingresos que está dejando de percibir cada día que pasa sin poder operar.
«Yo no estoy teniendo unos ingresos que normalmente tendría. Habrá que ver si esto se ha producido el día 20 de mayo, 30 de mayo o el día 15 de junio. Y en función a eso, pues habrá que analizar los costes y el perjuicio económico de ingresos que hemos tenido y valorar si reclamo al Consell, no reclamo, me la como o digo ‘pues mire señores, tendré que al final dar gracias que a mí no me la han quitado’».
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